domingo, 11 de enero de 2015

El robo

Ni siquiera escuchó el portazo.
Todo fue demasiado violento, se quedó en shock, olvidó respirar y comenzó a quemarle el pecho. No sabía si tenía que inspirar o espirar, así que intento ambas, pero aquél cúmulo de vacío impidió el paso de aire. Cuando su mente solucionó a medias el problema de la respiración, se centró en su situación. 
Estaba tirado en el suelo, pero no sabía cómo llegó allí. Trató de levantarse, poco a poco, primero se incorporó y cruzó las piernas sin pensar mas que en el movimiento de sus extremidades. 
Al cruzarlas, vio una gota que caía. Se palpó la cara, los ojos y los pómulos estaban húmedos, sin embargo no recordaba haber llorado. Se secó con la manga de su jersey, y continuó la ascensión apoyándose en sus de repente tan pesados brazos. Acabó de erguirse mientras su mente navegaba entre las gotas que acababa de secar.
Notó la espalda cargada y se estiró, y al hacerlo su mirada tropezó con la puerta...la puerta...
Se habían llevado algo por aquella puerta. Pero, ¿qué?

 Algo suyo...

Empezó a preocuparse y recordó el portazo, el cúmulo de vacío volvió a su garganta, le habían robado en su propia casa. miró a su alrededor en busca de la ausencia, todo parecía en orden, tocó sus bolsillos y encontró su móvil, marcó asustado el 112 y descolgó... esperó, y justo cuando una voz respondió al otro lado... colgó.
 Había recordado qué le habían robado. Buscó refugio en una esquina mientras las lágrimas lo hacían en su rostro, pero pronto transformó sus sollozos en risas al pensar en la tontería que había estado a punto de cometer al denunciar el robo, pues a día de hoy, robar esperanzas, ilusiones, y metáforas carnales... por mucho que pese a las víctimas,
 no es delito.

(A mí me robaron la poesía)