lunes, 30 de noviembre de 2015
Mi muro de Berlín
He vuelto a pintar la pared.
Y he descubierto marcas que ya no siento,
cimientos que yo no he puesto
y unos cuantos clichés entre los que te cuento.
No he podido taparte,
así que he escrito en los márgenes de los lugares donde ya no vivo.
Que también son tú.
Aunque no sé muy bien que he querido decir.
Encontré en una esquina a la que no llegaba
todas las frases que guardé a quien un día fuiste.
Tuve que subirme a una silla.
También he encontrado tus dibujos, gracias.
Supongo.
Pero se tienen que marchar.
Lo que fuimos fue fácil de borrar, pero la sombra se escondió hasta el final.
Al borrarla me temblaron las piernas... pero no las manos.
Como la primera vez que te escribí.
Aquellos versos no los pude borrar, fueron esculpidos.
Tampoco quise.
A ti sí.
Y a pesar de mis esfuerzos siguen quedando pruebas.
Marcas.
De besos y abrazos que han quedado plasmados como golpes y arañazos.
Como nosotros.
Esta del suelo es del primero que te dí. Cuando se me cayó el alma a los pies,
y se ven las marcas del respaldo allí, en la pared...
Pero no quiero hacer más, hay marcas que simplemente no se pueden borrar.
A ti te sobró tinta.
A mi me faltó piel.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)