Desaprenderte es una estación de primavera repleta de trenes otoñales donde marchitan unos labios que dicen adiós a una piel que florece.
Desaprenderte fue llegar tarde al avión por parar a comprar flores, y echarle la culpa al florista en lugar de a los pétalos que despedazaste para aclarar la duda entre si huir o acercarte.
Pero desaprenderte sobre todo significa volver a aprender de nuevo.
Desaprenderte es buscar nuevas sinrazones para coger la primera curva del punto de no retorno.
Es recobrar la cobertura, conectarse, y comprender que la locura no tiene sentido si no viene
precedida de cordura.
Porque desaprenderte, en conclusión, fue reencontrarme conmigo mismo.
Desplegar las alas y sobrevolar el abismo.
