sábado, 7 de marzo de 2015

El escapista

5 huidas, 4 heridas, cada una con nombre y apellido.

-La primera herida huida, la que más dolió.
 Huí de quien me enseñó qué es el amor, de a quién más debo de lo que ahora soy, de sobre quien nunca escribo, pero a la que siempre encuentro en cada uno de mis versos.
De una forma u otra ella fue la bailarina de Viena, cada bala disparada que impactó en mi pecho y aquella hoguera que me dejó ciego largo tiempo, pero sobre todo, ella fue la que me enseñó por qué escriben los poetas.

-La segunda herida huida me enseñó que yo también podía enamorar.
Huí de una de las mejores personas que he conocido nunca. Con ella planeé una vida idílica sólo para matar el tiempo haciendo los bocetos, hoy me arrepiento de cada trazo, pues acabé abandonándolos en una esquina, esquina a la que ella sigue llevando flores, esquina por la que yo ya no paso.

-La tercera herida huida fue el mayor error de mi vida, no por la huida en sí, ya que cogí aire con cada paso que me alejaba del vaso medio lleno (de sentimientos) donde me ahogaba, sino por lo que dejé en él. La dejé a ella, quise sacarla, pero ella solo quería nadar conmigo. Por desgracia sé que aún sigue allí, arrugándose.

-La cuarta herida huida aún escuece, esta vez huí a dos pupitres de distancia.
Me alejé a través de palabras en la web porque me dolió doler. 
Huí de con quien jamás pude haber sido, aunque no sé por qué.
Huí de mi chica perfecta, a quien por desgracia no he llegado a querer (al menos, no como ella necesita que la quiera). A ella le debo este texto y todos mis versos, pues fue la que me animó a escribir, y siempre le estaré agradecido por ello.

La quinta y última huida no dejó herida. 
No sé si llegué a quererla, pero sí sé que ella a mí no, pues no sabe como hacerlo.
Cuando me di cuenta le dije que me iría. Ella prometió que cambiaría, yo no la creí, pero aún así me quedé. Al final solo me arrepentí de quedarme, pues llevaba yo razón. Solo le agradezco que no me permitiese darle más, pues aunque le di mucho, le debo poco.

4 comentarios:

  1. Espero mi entrada con ansia, pues la herida a la que no di importancia, esta ahogando mi alma y no me deja respirar.
    Y uno piensa en huir, pero...¿de que sirve sonreir cuando tu interior se abruma con el recuerdo de un amor tan sincero y febril? Lo que di por muerto, lo que no valore en su momento, ahora golpea mi pecho sin ninguna bondad, llamando a la puerta de forma honesta y leal; pues cuando una ama, lo hace hasta el final.

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  2. Sonreír no sirve absolutamente de nada, pero encontrar nuevos motivos para hacerlo no solo sirve, si no que es necesario. Y sí, cuando uno ama lo hace hasta el final, pero cuando llega éste y en la pantalla aparece The End, eres tú quien decide qué hacer, o intentas reiniciar, o apagas la pantalla y a otra cosa, solo puedo pedirte que no cometas el error de quedarte mirando las letras, los créditos ya han pasado, abre la puerta o ponte tapones para el ruido, pero haz algo, aunque te esté muriendo por dentro, haz tu último esfuerzo.
    PD: la entrada acabas de hacerla tú :) y aunque refleja todo lo que llevas dentro te quedó preciosa.

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  3. Los créditos van acabando, en la sala vacía, un chico con en la corazón en la mano espera el final del cuento, y sin darse cuenta de que las limpiadoras van recogiendo el estropicio que se ha formado, las butacas comienzan a llenarse para que, junto con todos ellos, la nueva película comience a rodarse.

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  4. wiiii, espero que esta si que valga la pena, que el cine está muy caro y las palomitas más, y si no nos gusta nos cambiamos de sala va?

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