El invernadero estaba a punto de cerrar sus puertas, pero para aquél último visitante de corta edad, la hora llegaba demasiado pronto, acababa de encontrar la planta más hermosa de todo el jardín, una simple margarita.
La contemplación de la misma cesó en el momento en el que la encargada le llamó la atención y lo condujo hacia la salida, mas aquel muchacho no se iría sin dar respuesta a la duda que bailaba en su cabeza.
-Oiga, señora, ¿qué cree usted que pasará cuando ya no queden flores?-preguntó.
-Bueno, supongo que la belleza se acabará con ellas.
El chico salió por aquellas puertas como quien acaba de escuchar una profecía que se cumplirá siguiendo los vaticinios de un destino inevitable.
Sin embargo, la primavera acababa y el verano se colaba en las casas en forma de notables rayos de sol, el cual comenzaba la tarea que más tarde continuarían el viento, la lluvia y la nieve.
El calor atacó a aquellas que no supieron adaptarse, a las más débiles e intensas, borrando sus colores.
Pero el chico suplió su ausencia con la arena, con el bronceado de su piel, con las tercas y resistentes flores que se negaban a dejarse arrancar por el que en las próximas estaciones sería su más fiel sustento.
Muchas llegaron al otoño, y el chico las observó con atención, contemplando la orgullosa y erguida figura de unas y la triste caída de tantas otras, pero en todas ellas el muchacho encontró algo bello.
El frío y el viento no consiguieron helar el jugo que el sol protegía, y el chico se maravilló con el mecer de las hojas en su eterna caída y con el vaivén de los árboles que le susurraban por las noches que quizá aquélla mujer no tenía razón.
Un mes más tarde llegaría el invierno, con sus gélidas lluvias y sus blancos augurios, y avanzado el mismo, ni una sola de las flores del pueblo seguía con vida, todas ellas habían quedado sepultadas bajo un metro y diecisiete centímetros de nieve, aun así, el chico se sintió estafado, pues en su vida no había visto nada más bonito que el blanco impoluto que cubría el asfalto, el lago endurecido o el derretir de los copos en la nariz de ella.
Por último, volvieron las alergias, y con ellas las flores, que resurgían de su letargo, volvieron a presumir en las plazas y en los campos, portando sus mejores tonalidades.
Fue entonces cuando el muchacho comprendió, que la mujer nunca tuvo razón, que la belleza de las flores está en su renacer, en el ciclo infinito de vida y muerte y en ese encantador punto de encuentro.
Mas el día en que se marchite la última flor del planeta, la razón cambiará de bando, pues no quedará nadie para hallar belleza en algo más, y las calles sepultadas por su propio peso no albergarán vida que presencie el sutil encanto de la caída de una flor.
sábado, 10 de septiembre de 2016
jueves, 11 de agosto de 2016
Poética imperfectiva
No es que lo idealizara, es que lo inventó.
Lo hizo perfecto.
De una pincelada dibujo su cuerpo, perfilado con toda clase de defectos.
De una pincelada dibujo su cuerpo, perfilado con toda clase de defectos.
Entiendo que para aquellos que fundamenten el conocimiento a través de
la lógica tradicional esto último pueda parecer no encajar con el concepto.
No todo el mundo puede concebir la perfección del defecto,
o lo que es lo mismo, la perfección de la imperfección.
Sería algo así como la oscuridad de la luz o la luz de la oscuridad.
Simplemente no tiene sentido.
Sería algo así como la oscuridad de la luz o la luz de la oscuridad.
Simplemente no tiene sentido.
Pero tampoco hace falta que lo tenga para que te haga sentirte lleno el simple hecho de plasmarlo en un papel.
Es una de esas verdades que no se definen con palabras, de esas que se alcanzan por varias vías.
La más bonita es el amor.
Pero hay otras, como pueden ser
el sufrimiento, propio o ajeno,
la muerte, de uno o de otro,
un claro en un bosque,
un árbol en el asfalto,
un banksy,
una sonrisa en un cementerio,
o una oscuridad en la luz.
el sufrimiento, propio o ajeno,
la muerte, de uno o de otro,
un claro en un bosque,
un árbol en el asfalto,
un banksy,
una sonrisa en un cementerio,
o una oscuridad en la luz.
Todos hemos pasado por esta última, porque todos hemos tenido alguna vez razones de más para ser la persona más feliz del mundo y nos hemos sentido sumamente desgraciados.
No todos sabemos darle sentido al sinsentido,
aceptar una verdad impuesta,
conformarnos con el mal menor,
con la no respuesta.
Lo que si sabemos, es aceptar
que hay vida detrás de tanta muerte y viceversa,
que que cuando uno versa,
el objetivo es plasmar las ideas en fila
para que lleguen desordenadas a cualquier latido,
sembrar la semilla del caos y plantear que algo sin sentido,
algo lleno de defectos, también puede ser perfecto.
La poesía es un arma cargada de futuro:
lunes, 13 de junio de 2016
Utopías, terrorismo y otras bestias
Ayer mi hermana me dijo que un mundo sin fronteras era una utopía.
Y puede que tenga razón, puede que bajo los adoquines no haya arena de playa.
Pero como saberlo si no cruzamos las líneas trazadas y levantamos la primera losa.
Pero como saberlo si no cruzamos las líneas trazadas y levantamos la primera losa.
Todo lo bueno es utópico hasta que se alcanza,
de lo malo a lo terrible las cosas son normales,
pero por suerte hay quien cree en utopías terrenales,
por suerte hay quien está dispuesto a dejarse la piel por algo mejor.
Hablo de héroes sin capa, aquellos a quienes no les frena el terror,
que saben que no es algo que se ubique en un mapa y
que aunque se disfrace de islamismo no tiene que ver con religión.
Porque tiene que ver con odio, odio que fomenta no sólo quien ostenta un arma,
sino quien la vende y la defiende como instrumento de paz.
Que son los mismos que compran el hambre cenando caviar.
Que son los mismos que compran el hambre cenando caviar.
Los que venden lo que cosechas.
Los que ante la diferencia no aprenden o educan, golpean.
Los que enseñan a mi hermana que un mundo mejor es un mundo utópico e imposible.
Los que a golpe de billetera pegan a héroes que no llevan capa,
Los que ante la diferencia no aprenden o educan, golpean.
Los que enseñan a mi hermana que un mundo mejor es un mundo utópico e imposible.
Los que a golpe de billetera pegan a héroes que no llevan capa,
hasta que deciden dejar de luchar.
Porque todos mis héroes son de carne y hueso
Pero toda losa con fuerza suficiente se puede levantar.
Pero toda losa con fuerza suficiente se puede levantar.
PD: ahora mueren en Siria los que morían en Irak
miércoles, 20 de abril de 2016
Lluvia de estrellas
Cayeron cometas mil
y una noche de abril
en la playa de las hogueras.
Calentamos la fría arena
con sal de pupila dilatada
y abrazo de oso polar.
Nunca una croqueta fue tan rebozada como yo en aquella playa,
me recordó mas tarde la sirena que me enseñó a bucear.
Perdió relevancia la arena frente al polvo de estrellas
del que se desprendieron las constelaciones que se quebraron aquella noche.
Polvo de estrellas que se tornó sal para unirse al mar
y poder así velar,
al chaval de la estrella partida
y poder así velar,
al chaval de la estrella partida
que en la playa dormía
con la esperanza perdida...
con la esperanza perdida...
Pero en paz.
Anexo:
Hacer las paces con uno mismo,
derramar cada trocito de si,
ahogarse entre lagrimas para poder respirar
y forjar a fuego una verdad,
la de la amistad
miércoles, 6 de abril de 2016
Eso que algunos fuman
"La distancia no es velocidad por tiempo".
Es un ladrillo,
y luego otro,
y otro más.
Es una barrera alzada entre dos cuerpos,
nada de v x t, hablo de piedra.
Cuando buscas una solución, la distancia suele ser la más cobarde y rápida,
a veces la más eficaz,
pero no siempre la más adecuada.
Y mucho menos la más justa.
Alejarse puede significar seguridad,
la seguridad conlleva aislamiento,
y el aislamiento soledad.
Levantar murallas es rechazar la piel,
y a lo largo de nuestra existencia edificamos grandes distancias
frente a múltiples ámbitos de nuestra vida, pero las peores
sin duda alguna son aquellas que erigimos ante nosotros mismos,
esas que no nos dejan ser, que nos cohíben, pero que por desgracia
consideramos necesarias.
Por suerte existen bailarines/as sin vértigo,
que están dispuestos a escalar tus murallas o las suyas propias
para enseñarte a bailar sobre las mismas
mientras el suelo se derrumba bajo sus pies,
porque la mejor forma de empezar a volar,
es aprender a caer.
Es un ladrillo,
y luego otro,
y otro más.
Es una barrera alzada entre dos cuerpos,
nada de v x t, hablo de piedra.
Cuando buscas una solución, la distancia suele ser la más cobarde y rápida,
a veces la más eficaz,
pero no siempre la más adecuada.
Y mucho menos la más justa.
Alejarse puede significar seguridad,
la seguridad conlleva aislamiento,
y el aislamiento soledad.
Levantar murallas es rechazar la piel,
y a lo largo de nuestra existencia edificamos grandes distancias
frente a múltiples ámbitos de nuestra vida, pero las peores
sin duda alguna son aquellas que erigimos ante nosotros mismos,
esas que no nos dejan ser, que nos cohíben, pero que por desgracia
consideramos necesarias.
Por suerte existen bailarines/as sin vértigo,
que están dispuestos a escalar tus murallas o las suyas propias
para enseñarte a bailar sobre las mismas
mientras el suelo se derrumba bajo sus pies,
porque la mejor forma de empezar a volar,
es aprender a caer.
jueves, 31 de marzo de 2016
Utopía turuleta
Tomaban la sopa en conchas de playa.
Escribían sus frases en paredes en lugar de en cuadernos porque lucían mejor.
Al dormir se despedían del tiempo y al levantarse se alegraban de reencontrarse con él.
Bailaban rockabilly,
no tenían móvil,
tenían relaciones.
Sus mascotas se sentaban a la mesa,
el amor no tenía silla, pero estaba en el aire,
puro,
aplatónico.
Cuando necesitaban una hostia la pedían,
cuando necesitaban un empujón se prestaban las alas.
Si necesitaban un abrazo se callaban, pero recibían 2,
porque se conocían,
porque si uno lloraba los demás sangraban,
porque no encontraron una razón,
ni un solo argumento sólido para pensar que comer con cucharas, escribir en cuadernos,
poner alarmas, perrear, perder la vida ante una pantalla, plantar los pies en el suelo o no ser queridos pero vivir intactos les haría más felices.
Ni uno solo.
PD: si no te gusta el rockabilly te jodes.
Escribían sus frases en paredes en lugar de en cuadernos porque lucían mejor.
Al dormir se despedían del tiempo y al levantarse se alegraban de reencontrarse con él.
Bailaban rockabilly,
no tenían móvil,
tenían relaciones.
Sus mascotas se sentaban a la mesa,
el amor no tenía silla, pero estaba en el aire,
puro,
aplatónico.
Cuando necesitaban una hostia la pedían,
cuando necesitaban un empujón se prestaban las alas.
Si necesitaban un abrazo se callaban, pero recibían 2,
porque se conocían,
porque si uno lloraba los demás sangraban,
porque no encontraron una razón,
ni un solo argumento sólido para pensar que comer con cucharas, escribir en cuadernos,
poner alarmas, perrear, perder la vida ante una pantalla, plantar los pies en el suelo o no ser queridos pero vivir intactos les haría más felices.
Ni uno solo.
PD: si no te gusta el rockabilly te jodes.
domingo, 27 de marzo de 2016
Gano, por el color del trigo.
He llegado a la conclusión de que no sé repararme.
Tampoco he encontrado a nadie que sea capaz.
Y no es que no haya buscado.
Tampoco he encontrado a nadie que sea capaz.
Y no es que no haya buscado.
También creo que tengo capacidad suficiente para arreglarme, pero es como si me faltasen piezas.
A quien sí que he encontrado es a gente como yo.
Unos dicen tener el corazón roto, otros dicen no tenerlo, hay quien afirma estar incompleto, como si les faltara algo resumen.
Yo digo que estoy roto porque es así como me siento.
Creo que me he desgastado demasiadas veces y me han(he) restaurado pocas.
Me he volcado junto a mis esperanzas en pozos sin fondo, si he salido de ellos ha sido por dejarme la piel en las paredes, a base de escalada, y sólo para encontrarme en uno más grande, depositando aún más esperanzas.
Tengo 19 años.
Las he perdido todas (Nota: hoy he descubierto que esto es mentira gracias a gente que irradia tanta luz que ciega, gente que sabe darle sentido al dolor y color al trigo. Gracias)
He tenido que aferrarme a lo único que me quedaba.
Al instinto de supervivencia.
Seguir adelante sin esperar que vengan a salvarte, escalar por inercia.
Antes pensaba que algún día podría dejar de escalar y pasear por la superficie, ahora comprendo que la superficie no existe.
Hay que aprender a ser feliz en el pozo .
Joder, que pesimista, puedes pensar.
Pero mira ahí fuera, sal de la burbuja, de tu zona de confort.
Hay gente con niveles de vida infinitamente más bajos que tú y que yo que son felices por los dos.
¿A qué coño llamamos calidad de vida?
¿A la facilidad que tenemos para comprar una hamburguesa?
Algo estamos haciendo mal, si no me crees busca las tasas de suicidio, esas muertes que sólo salen en el telediario si se hacen virales.
Luego ven y dime que aquí se vive bien, a cuantos conoces que lo hayan intentado?
Yo a cuatro.
Algo estamos haciendo mal, si no me crees busca las tasas de suicidio, esas muertes que sólo salen en el telediario si se hacen virales.
Luego ven y dime que aquí se vive bien, a cuantos conoces que lo hayan intentado?
Yo a cuatro.
¿Cuantas personas hay que se infravaloran, o que lloran por no alcanzar la estratosférica imagen que anhelan?
He perdido la cuenta.
He perdido la cuenta.
¿Cuánta gente hay con sueños prefabricados?
¿Cuántos miedos se aferran a nosotros hasta despojarnos de nuestras "utópicas" ideas?
¿Cuántas veces te han intentado cambiar o no te han respetado?
¿Cuántas veces han o has intentado llegar al "éxito" pisando a otros? ¿O a ti mismo?
No contestes, sólo piensa, piensa y esto habrá cumplido su función.
¿Cuántas veces te han intentado cambiar o no te han respetado?
¿Cuántas veces han o has intentado llegar al "éxito" pisando a otros? ¿O a ti mismo?
No contestes, sólo piensa, piensa y esto habrá cumplido su función.
Deja de buscarle un sentido a tu vida, acepta que simplemente eres, que estás y que sientes.
Abraza lo que te haga sentir bien.
Hemos cometido demasiados errores, dejemos de contribuir con una historia que no queremos continuar, escribámosla nosotros.
Joder, "ama, ama aunque nunca tengas suelto", ama la música, ama un latido, ámate, pero ama algo, escoge una pasión y exprímela.
Deja de ser una máquina y empieza a ser una persona.
Dedicado a todo aquel que se de por aludido, a todo aquél a quien le falte luz.
A mí en primer lugar.
viernes, 25 de marzo de 2016
Marcas
Ella no entendió el concepto.
Tampoco me extraña.
Tampoco me extraña.
Ni si quiera yo comprendo
como pudieron condensarlo en cuatro letras.
Yo quería hacerle amor e hijos cada dia,
Yo quería hacerle amor e hijos cada dia,
ella un polvo todas las noches.
Hablábamos diferentes idiomas en mismo tiempo.
Pasado.
Otra palabra que esconde mucho.
Un corazón desgastado de latir sin sentir en su pecho,
uno recompuesto con hojas de cuadernos en el mío.
Yo le di mi pluma...
Y la invité a escribir.
Ella dibujó un pene.
Y la invité a escribir.
Ella dibujó un pene.
domingo, 13 de marzo de 2016
A primer pestañeo
Venga, a ver quien se ríe primero.
Primer pestañeo:
Comenzaron el juego entre sonrisas, clavaron sus ojos el uno en el otro como aquel que tras una larga cavilación sentencia un rumbo.
Poco a poco los gestos se fueron tornando cada vez más serios, aquellas sonrisas nerviosas ya no eran necesarias,
porque ya no estaban allí.
Ambos habían envejecido unos años viajando por el iris del otro, recorriendo las tonalidades, contando las pestañas de distancia que obstaculizaban el camino entre la mirada de uno y la vida del oponente.
Aunque no se dieron cuenta, cuando volvieron a parpadear ya no eran los mismos, ni volverían a serlo. Un mero instante.
Aunque no se dieron cuenta, cuando volvieron a parpadear ya no eran los mismos, ni volverían a serlo. Un mero instante.
Segundo pestañeo:
Fue entonces cuando sintieron el punto de no retorno, cuando les invadió el miedo y escucharon el sonido del silencio, los ojos temblaron, pero continuaron fijos.
Fue entonces cuando sintieron el punto de no retorno, cuando les invadió el miedo y escucharon el sonido del silencio, los ojos temblaron, pero continuaron fijos.
Ambos habían notado el cambio, y se cargaron a la espalda la levedad de los nuevos años, de aquella nueva vida que aceptaban descubrir y acoger como propia.
La tensión creció, el juego se prolongaba demasiado, no sabían cómo echar a andar con una carga que no era la suya y el aire les secaba los ojos.
La tensión creció, el juego se prolongaba demasiado, no sabían cómo echar a andar con una carga que no era la suya y el aire les secaba los ojos.
Tercer pestañeo.
Ella dio el primer paso.
Acercó el rostro apenas unos centímetros, pero fue lo suficiente como para que él captara todo el mensaje, era la formulación de la pregunta que habían planteado de antemano.
Respondió de la única forma que supo, sonriendo a quemarropa, sin dejar de mirarla, pidiendo paso y permiso de una forma tan inocente que al darse cuenta del gesto no pudieron evitar descojonarse.
Ella dio el primer paso.
Acercó el rostro apenas unos centímetros, pero fue lo suficiente como para que él captara todo el mensaje, era la formulación de la pregunta que habían planteado de antemano.
Respondió de la única forma que supo, sonriendo a quemarropa, sin dejar de mirarla, pidiendo paso y permiso de una forma tan inocente que al darse cuenta del gesto no pudieron evitar descojonarse.
No sólo perdieron, si no que se regodearon en la derrota, pensando únicamente en lo triste que habría sido el éxito.
Para mí el amor es eso, una rendición compartida.
Esa mirada sostenida.
lunes, 7 de marzo de 2016
Soy yo, desnudo
Creo que nunca he hablado del blog aquí.
En realidad no he hablado mucho de él en ninguna parte, con todo lo que ha significado para mí.
Es hora de hacerle justicia.
Pronto hará dos años desde aquella madrugada en que me dio un impulso que estoy muy agradecido de seguir sintiendo de vez en cuando.
El impulso de escribir.
La primera entrada de este blog fue escrita directamente desde la plantilla de blogger, es de las poquísimas entradas que no tuve que retocar, de esas que salen y sabes que son perfectas, que te has plasmado y te has vaciado, fue como el primer polvo (o incluso mejor).
La verdad es que a día de hoy me sigue pareciendo una de las mejores cosas que he escrito, porque me sigo identificando con ella, con ese grito de socorro en la oscuridad.
Al fin y al cabo, esos son los cimientos de este blog.
Una súplica a pleno pulmón que encontró respuesta en su propio eco, y lo cierto es que la respuesta fue suficiente, ya que me salvó la vida de mil formas distintas.
Ojo, que soy consciente de que en este blog hay muchas entradas que no valen nada.
Desde un punto de vista objetivo, claro.
Punto de vista del que carezco.
Para mí todo lo que publico es único, puro y valioso... aunque después cambie de opinión y piense que es la mayor mierda jamás plasmada en internet (no sin razón).
Pero alguna vez me salió del ventrículo izquierdo, así que este es su lugar.
Eso no significa que mis privilegiados lacayos que hacen a veces de críticos se puedan relajar.
Aunque para hacerle justicia a la realidad confesaré que el privilegiado soy yo por tenerles.
A ellos y a todos aquellos que han influido directa o indirectamente en el blog.
Desde aquellas que me dieron a probar distintas manzanas, una más dulce que la otra, pasando por puras inspiraciones (de brisa marina), felinas salvajes, siluetas más sólidas que muchas rocas, heridas cauterizadas con tinta, ángeles suicidas y lectores/as que saben leer más allá de las palabras.
Noseremos...nisomos, nifuimos.
Entramos en nomenclatura. Hubo que poner un nombre y se cruzó la nostalgia en mal momento, la primera herida que aún picaba.
La verdad es que no hay más, creo que no encaja con el blog, pero hay un subtítulo para compensar. En un principio este era un rincón donde ser nadie, donde fundirme con la masa y diluirme entre tantos y tantos blogs.
Pero qué equivocado estaba, aquí me he definido con mi puño y letra, he encontrado partes de mi persona que no conocía, ha servido de terapia, de oído y de tratamiento.
Porque esto que leéis soy yo desnudo, y si el alma existe (permitidme la frikada) este es mi horrocrux.
Cambié el nombre por necesidad, porque este es mi espacio, y lo mágico y por lo que este blog sigue en pie, es porque aunque me conozco nosequién soy, pero sé que soy alguien.
Porque me sigo encontrando y descubriendo en cada frase que escribo, como si me estuviese escribiendo a mí mismo.
Diría que este blog merecería la pena solo con que una persona se sintiera identificada con algo, o si aquél que lee tiene un orgasmo literario entre estas líneas, pero es que para mí, por el simple hecho de existir, ya la ha merecido.
En realidad no he hablado mucho de él en ninguna parte, con todo lo que ha significado para mí.
Es hora de hacerle justicia.
Pronto hará dos años desde aquella madrugada en que me dio un impulso que estoy muy agradecido de seguir sintiendo de vez en cuando.
El impulso de escribir.
La primera entrada de este blog fue escrita directamente desde la plantilla de blogger, es de las poquísimas entradas que no tuve que retocar, de esas que salen y sabes que son perfectas, que te has plasmado y te has vaciado, fue como el primer polvo (o incluso mejor).
La verdad es que a día de hoy me sigue pareciendo una de las mejores cosas que he escrito, porque me sigo identificando con ella, con ese grito de socorro en la oscuridad.
Al fin y al cabo, esos son los cimientos de este blog.
Una súplica a pleno pulmón que encontró respuesta en su propio eco, y lo cierto es que la respuesta fue suficiente, ya que me salvó la vida de mil formas distintas.
Ojo, que soy consciente de que en este blog hay muchas entradas que no valen nada.
Desde un punto de vista objetivo, claro.
Punto de vista del que carezco.
Para mí todo lo que publico es único, puro y valioso... aunque después cambie de opinión y piense que es la mayor mierda jamás plasmada en internet (no sin razón).
Pero alguna vez me salió del ventrículo izquierdo, así que este es su lugar.
Eso no significa que mis privilegiados lacayos que hacen a veces de críticos se puedan relajar.
Aunque para hacerle justicia a la realidad confesaré que el privilegiado soy yo por tenerles.
A ellos y a todos aquellos que han influido directa o indirectamente en el blog.
Desde aquellas que me dieron a probar distintas manzanas, una más dulce que la otra, pasando por puras inspiraciones (de brisa marina), felinas salvajes, siluetas más sólidas que muchas rocas, heridas cauterizadas con tinta, ángeles suicidas y lectores/as que saben leer más allá de las palabras.
Noseremos...nisomos, nifuimos.
Entramos en nomenclatura. Hubo que poner un nombre y se cruzó la nostalgia en mal momento, la primera herida que aún picaba.
La verdad es que no hay más, creo que no encaja con el blog, pero hay un subtítulo para compensar. En un principio este era un rincón donde ser nadie, donde fundirme con la masa y diluirme entre tantos y tantos blogs.
Pero qué equivocado estaba, aquí me he definido con mi puño y letra, he encontrado partes de mi persona que no conocía, ha servido de terapia, de oído y de tratamiento.
Porque esto que leéis soy yo desnudo, y si el alma existe (permitidme la frikada) este es mi horrocrux.
Cambié el nombre por necesidad, porque este es mi espacio, y lo mágico y por lo que este blog sigue en pie, es porque aunque me conozco nosequién soy, pero sé que soy alguien.
Porque me sigo encontrando y descubriendo en cada frase que escribo, como si me estuviese escribiendo a mí mismo.
Diría que este blog merecería la pena solo con que una persona se sintiera identificada con algo, o si aquél que lee tiene un orgasmo literario entre estas líneas, pero es que para mí, por el simple hecho de existir, ya la ha merecido.
domingo, 28 de febrero de 2016
Marionetas rotas
Nosotros somos los titiriteros, de nuestras propias vidas y de la de los demás,
no somos conscientes de los hilos que nos envuelven, de la influencia que tienen nuestras opiniones, nuestras acciones.
Puede parecer obvio, pero es algo que no tenemos en cuenta, y habrá quienes no quieran verlo, porque puede ser difícil, ¿verdad? Pensar que cada vez que has dolido a alguien has sido en parte o por completo responsable.
Es difícil porque eso te convierte en una mala persona, y tú no lo eres ¿no?
Eso lo sabes...
Es difícil porque eso te convierte en una mala persona, y tú no lo eres ¿no?
Eso lo sabes...
(A continuación se dará rienda suelta a la subjetividad, agárrate fuerte)
Pues permíteme que te comunique que eres Gilipollas.
Las buenas personas no existen, ni las malas, sólo existen las personas que (mentando al presi) hacen cosas.
¿Quiénes nos creemos para juzgar moralmente un ser o acción?
¿De verdad crees que tu juicio es objetivo?
Tendemos a deformar la realidad, aunque no nos convenga, a veces sólo para encajar.
Las acciones no tienen peso, tienen consecuencias.
No somos balanzas, somos integrantes de un círculo vicioso en el que es más fácil ser un capullo (en más de un sentido) que una persona.
Porque vivir es fácil con los ojos cerrados, y sólo te interesas por ti.
¿Cómo puedes estar seguro de que lo que haces es por "altruismo" y no simplemente para sentirte bien contigo mismo? Para creer que te mereces cosas "buenas".
Y de verdad lo creerás,
y seguirás jugando con los hilos de aquellos en los que influyes, desgastando, rompiendo las marionetas que manejas, quebrantándote a ti.
Salvo que no son marionetas,
son personas,
conectadas entre sí.
sábado, 13 de febrero de 2016
"La eternidad de una espera"
La vida son dos días.
Sí.
Y está para cometer locuras.
Claro.
Pero de pensarlo a dejar de vivir como cuerdos
desperdigando entre las horas los recuerdos...
hay un trecho.
Si algo he aprendido entre esas horas, es que tu soledad puede hacerle daño a los demás,
y que alejarte de gente que te quiere es difícil, pero también que puede ser la única forma de avanzar,
porque no todas las formas de querer son buenas.
Es algo que tengo que aceptar.
No sólo yo.
No sólo yo.
Hay pájaros que mueren en jaulas de tristeza y flores que se marchitan en jarrones mientras sus "dueños" miran cómo se desintregan...
Hay cosas que simplemente no deberían poseerse, como los hijos.
Los hijos no son trozos de barro moldeables, ni cubos donde arrojar las frustraciones.
Pero sobre todo, no son espejos, y si les cortas las alas caen, aunque eso no quiere decir que vayan a echar a andar.
La belleza se extingue por ausencia de libertad.
Sin embargo, esto no tiene que ver con flores, ni con pájaros cantores, simplemente no hay belleza entre estas rejas.
Sólo hay ser, ser desencajado, vacío y hueco buscando sustancia entre cuatro paredes que albergan carcasa.
Que lo albergan a él.
Frustración.
Escribo rabia pero no la siento, la tengo en la punta de la lengua pero está dormida.
Lo único que siento últimamente es vergüenza, vergüenza de no tener lo que hace falta para salir de la celda,
y eso es lo mas triste, porque la puerta está abierta y solo me detiene un cartel que dice textualmente:
Si te adentras y no te encuentras... y no acaba, y ese es el problema.
La incertidumbre: ¿Qué? ¿Qué pasa si no me encuentro?
La certeza: podría ser peor.
Yo, que hablo de flotar, que he flotado y me he hostiado y no me arrepiento...
Ahora tengo vértigo.
Ahora tengo vértigo.
Ahora no quiero saltar.
Y prefiero marchitarme literalmente, ya ni si quiera sé a qué le temo.
¿A salir de mi zona de confort?
¿A doler como me han dolido?
¿A qué? ¿A no poder levantarme?
¿A la soledad que ya tengo?
¿A perder lo que no?
¿A que mis cuatro pilares no aguanten?
Vivir con miedo pero no saber a qué (¿no te suena?),
todavía no sé si necesito dos hostias o un empujón,
pero estoy seguro de que lo que busco no está aquí.
miércoles, 3 de febrero de 2016
Superconsejito del día
Para mí la esperanza (no) siempre fue una sonrisa dibujada con dintel.
Por mucho que digan la clave no está en sonreír
porque no es lo mismo esconder los miedos bajo una máscara
que llorar a lágrima descubierta.
Máscaras tenemos todos,
pero el valor para hacerse (a la) mar lo tienen pocos.
Sin embargo, a veces el llanto agrieta el molde y se desliza sobre la piel,
es entonces cuando hay que dejarlo correr, descubrirse niño,
desenmascarar a los traidores de si mismos,
solidificar la angustia y verterla en forma de sal.
"Que no te vean llorar", te dirán aun así los actores que mejor cotizan,
los que mejor interpretan sus papeles de no humanos,
los que tienen sus pies pegados al suelo,
que no soltarán peso, ni para alcanzar el cielo.
Para llegar alto, pero alto de verdad, es necesario soltar peso,
y qué forma más bonita que llorando.
Por mucho que digan la clave no está en sonreír
porque no es lo mismo esconder los miedos bajo una máscara
que llorar a lágrima descubierta.
Máscaras tenemos todos,
pero el valor para hacerse (a la) mar lo tienen pocos.
Sin embargo, a veces el llanto agrieta el molde y se desliza sobre la piel,
es entonces cuando hay que dejarlo correr, descubrirse niño,
desenmascarar a los traidores de si mismos,
solidificar la angustia y verterla en forma de sal.
"Que no te vean llorar", te dirán aun así los actores que mejor cotizan,
los que mejor interpretan sus papeles de no humanos,
los que tienen sus pies pegados al suelo,
que no soltarán peso, ni para alcanzar el cielo.
Para llegar alto, pero alto de verdad, es necesario soltar peso,
y qué forma más bonita que llorando.
martes, 19 de enero de 2016
Terapia de choque
Sube el telón, se apagan las luces y el silencio comienza a expandir sus dominios por cada fila del teatro.
Al cabo de unos minutos, el silencio y la espesa negrura crean un aura en que se funden público y reparto, mezclados hasta hacerse uno.
Silencio total.
La atmósfera comienza a tensarse, la inquietud es palpable en la respiración de la chica que inunda el teatro desde la primera fila, y al igual que el chico de mi izquierda, decenas de piernas se elevan y descienden unos centímetros a gran velocidad, y cada vez más rápido hasta hacerte pensar que han cobrado vida propia y han decidido huir como más tarde harán los cuerdos.
En medio del silencio, los sonidos de quienes se remueven incómodos en sus asientos resultan completamente ensordecedores... y es ahí cuando comienza la función. No hay nada cronometrado, es un momento palpable, lo reconoces con la práctica.
Es entonces cuando en medio de la nada, la chica a la que nadie ve se pone de pie y grita. Pero no con toda el alma, si no haciendo rechinar los pedacitos de lo que le queda, desgarrando el espeso hilo que se ha tejido hasta entonces, precedido por el sonido de cientos de cuellos girando a la vez hacia el mismo lugar, aquél donde la oscuridad es más intensa. Algunos protestan, se escucha algún sollozo, pero nosotros mantenemos la paciencia.
Asustar no es el objetivo, pero es necesario para completar la experiencia.
En la oscuridad, le enjugo una lágrima a quien tengo a mi derecha, tras un leve sobresalto se percibe el agradecimiento, no son necesarias las palabras. Seco mis dedos y me preparo, ya vuelve.
Regresa el silencio, pero esta vez no es el mismo, se percibe algo distinto, un murmullo que se alimenta a sí mismo, un tamborileo impalpable ensordecido en la caja torácica de aquellos entre los que me incluyo. Este es nuestro pistoletazo de salida. Unos pocos, a los que más tarde llamarán locos, nos ponemos de pie y empezamos a correr.
Libres pero encerrados. Sin rumbo pero con motivos. Guiados por los cuatro vientos que atraviesan nuestro pecho.
Ni uno de nosotros choca, nadie se cansa, y la risa que más resuena es la de la chica que hace unos minutos gritaba desgarrada. Pero no es todo diversión (mentira), también hay que trabajar, así que apartamos unos segundos nuestra libertad para alcanzar la mano de algunos asistentes, y sin palabras, pero con sonrisas intangibles, les invitamos a unirse. No todos lo llevan bien, unos declinan la invitación con educación, prefieren sentarse y escuchar nuestros pasos, nuestras risas. Otros simplemente buscan la puerta maldiciendo (o no) y huyen.
Pero todo tiene sentido, solo porque algunos se unen, arrastrando a sus acompañantes, y nosotros gentilmente pero en silencio, les enseñamos a correr, como se enseña a un niño a andar.
Y juntos, flotamos en la oscuridad.
Si algún día uno de esos locos se cruza en tu camino... no te sueltes.
Al cabo de unos minutos, el silencio y la espesa negrura crean un aura en que se funden público y reparto, mezclados hasta hacerse uno.
Silencio total.
La atmósfera comienza a tensarse, la inquietud es palpable en la respiración de la chica que inunda el teatro desde la primera fila, y al igual que el chico de mi izquierda, decenas de piernas se elevan y descienden unos centímetros a gran velocidad, y cada vez más rápido hasta hacerte pensar que han cobrado vida propia y han decidido huir como más tarde harán los cuerdos.
En medio del silencio, los sonidos de quienes se remueven incómodos en sus asientos resultan completamente ensordecedores... y es ahí cuando comienza la función. No hay nada cronometrado, es un momento palpable, lo reconoces con la práctica.
Es entonces cuando en medio de la nada, la chica a la que nadie ve se pone de pie y grita. Pero no con toda el alma, si no haciendo rechinar los pedacitos de lo que le queda, desgarrando el espeso hilo que se ha tejido hasta entonces, precedido por el sonido de cientos de cuellos girando a la vez hacia el mismo lugar, aquél donde la oscuridad es más intensa. Algunos protestan, se escucha algún sollozo, pero nosotros mantenemos la paciencia.
Asustar no es el objetivo, pero es necesario para completar la experiencia.
En la oscuridad, le enjugo una lágrima a quien tengo a mi derecha, tras un leve sobresalto se percibe el agradecimiento, no son necesarias las palabras. Seco mis dedos y me preparo, ya vuelve.
Regresa el silencio, pero esta vez no es el mismo, se percibe algo distinto, un murmullo que se alimenta a sí mismo, un tamborileo impalpable ensordecido en la caja torácica de aquellos entre los que me incluyo. Este es nuestro pistoletazo de salida. Unos pocos, a los que más tarde llamarán locos, nos ponemos de pie y empezamos a correr.
Libres pero encerrados. Sin rumbo pero con motivos. Guiados por los cuatro vientos que atraviesan nuestro pecho.
Ni uno de nosotros choca, nadie se cansa, y la risa que más resuena es la de la chica que hace unos minutos gritaba desgarrada. Pero no es todo diversión (mentira), también hay que trabajar, así que apartamos unos segundos nuestra libertad para alcanzar la mano de algunos asistentes, y sin palabras, pero con sonrisas intangibles, les invitamos a unirse. No todos lo llevan bien, unos declinan la invitación con educación, prefieren sentarse y escuchar nuestros pasos, nuestras risas. Otros simplemente buscan la puerta maldiciendo (o no) y huyen.
Pero todo tiene sentido, solo porque algunos se unen, arrastrando a sus acompañantes, y nosotros gentilmente pero en silencio, les enseñamos a correr, como se enseña a un niño a andar.
Y juntos, flotamos en la oscuridad.
Si algún día uno de esos locos se cruza en tu camino... no te sueltes.
lunes, 4 de enero de 2016
Ya verás
Al abrir su cama perdió.
No la razón, si no la memoria de aquella otra historia que guardaba
en el cajón.
Perdió el corazón de quien se lo entregó, que lo pidió de vuelta, sólo por si la amante se
demoraba en la búsqueda de un pitillo furtivo que echar sobre el colchón y lo encontraba.
Ella no quería que sucediese, así no.
De modo que robó el corazón regalado, pensando que estaría mejor en otras manos.
En cualquier sitio antes que en la habitación en que habitó.
Si algo se le puede reprochar, es tardar tanto en recuperar lo prestado.
Sin embargo, este ya no le cabía en el pecho,
en el lugar en que un día reposó se extendía ahora un nuevo brote,
por eso vagó por las calles cargando con su peso.
Él regresó para recuperar el trofeo que le pertenecía por derecho, mas no por justicia, y menos,
por amor.
La verdad es que después no sé lo que pasó, me gustaría pensar que ella se negó. Que se lo
entregó a un pecho lo suficientemente grande para albergar dos, o que lo tiró a la basura y
esperó hasta que el brote creció, y él se dio cuenta de que por mucho que guardase en el
cajón, nada podría ocupar el hueco que deja un corazón.
Aunque si he de ser sincero, supongo que la realidad fue bien distinta.
Lo más probable es que ella renunciara a toda esperanza de volver a sentirse viva, completa,
de volver a sentir, de tal forma que al volverlo a ver se arrojara a sus brazos suplicando.
Y él, al ver lo que perdió, rectificara y jurase amor eterno. No en pretérito perfecto, si no
en condicional.
A cambio de tanto.
Un contrato que no se firma sin un poco de locura, de la que a ella le sobraba.
Supongo firmaría con sangre un amor de esos de cuentos de hadas que duran semanas,
que nadie regala. Y todo para completar el círculo hasta que lo rompiera el orgullo de alguno
en el punto de no retorno. Ese en el que no vuelven.
Ni a verse,
ni a hablarse,
ni a mostrarse.
Sinceramente, creo que lo mejor que podría pasar, de nuevo en condicional, es que ella se
despidiera, con un "hasta otra", (primavera, vida u ocasión) y él con un "ya verás", escrito con
tinta, en el corazón.
No la razón, si no la memoria de aquella otra historia que guardaba
en el cajón.
Perdió el corazón de quien se lo entregó, que lo pidió de vuelta, sólo por si la amante se
demoraba en la búsqueda de un pitillo furtivo que echar sobre el colchón y lo encontraba.
Ella no quería que sucediese, así no.
De modo que robó el corazón regalado, pensando que estaría mejor en otras manos.
En cualquier sitio antes que en la habitación en que habitó.
Si algo se le puede reprochar, es tardar tanto en recuperar lo prestado.
Sin embargo, este ya no le cabía en el pecho,
en el lugar en que un día reposó se extendía ahora un nuevo brote,
por eso vagó por las calles cargando con su peso.
Él regresó para recuperar el trofeo que le pertenecía por derecho, mas no por justicia, y menos,
por amor.
La verdad es que después no sé lo que pasó, me gustaría pensar que ella se negó. Que se lo
entregó a un pecho lo suficientemente grande para albergar dos, o que lo tiró a la basura y
esperó hasta que el brote creció, y él se dio cuenta de que por mucho que guardase en el
cajón, nada podría ocupar el hueco que deja un corazón.
Aunque si he de ser sincero, supongo que la realidad fue bien distinta.
Lo más probable es que ella renunciara a toda esperanza de volver a sentirse viva, completa,
de volver a sentir, de tal forma que al volverlo a ver se arrojara a sus brazos suplicando.
Y él, al ver lo que perdió, rectificara y jurase amor eterno. No en pretérito perfecto, si no
en condicional.
A cambio de tanto.
Un contrato que no se firma sin un poco de locura, de la que a ella le sobraba.
Supongo firmaría con sangre un amor de esos de cuentos de hadas que duran semanas,
que nadie regala. Y todo para completar el círculo hasta que lo rompiera el orgullo de alguno
en el punto de no retorno. Ese en el que no vuelven.
Ni a verse,
ni a hablarse,
ni a mostrarse.
Sinceramente, creo que lo mejor que podría pasar, de nuevo en condicional, es que ella se
despidiera, con un "hasta otra", (primavera, vida u ocasión) y él con un "ya verás", escrito con
tinta, en el corazón.
viernes, 1 de enero de 2016
Los pétalos
Los pétalos de las flores hablaron, pero él dijo "te quiero", y ella sonrió.
Cupido sólo lanzó una flecha... pero él dijo "te quiero", y ella le besó.
Dijeron que todo estaba en su cabeza... pero él dijo "te quiero", y ella contestó.
Al final, los pájaros no cantaron, los hechos sí.
En su despedida, él dijo "te quiero".
Ésta vez, ella no.
Ella no supo si él mismo se creía.
Ella no quiso ver la realidad.
Ella no supo si siempre fue un juego que perdió al participar.
Lo que sí que supo en ese momento, es que nunca fue verdad.
Hoy sigue pensando que debió hacerle caso a aquel campo de margaritas, que el sentimiento y
los momentos vividos no compensan llevar un agujero negro creciendo en el pecho.
Pero cómo escuchar cuando los latidos se elevan por encima del ruido. Cómo.
Hay palabras que solo tienen sonido si te fijas en los labios de quien las pronuncia.
Hay hechos que parten bocas.
"Cada vez que veo a alguien deshojar margaritas, me pregunto quién fue el idiota que decidió
convertir un campo de flores en uno de minas."
Irene X.
Cupido sólo lanzó una flecha... pero él dijo "te quiero", y ella le besó.
Dijeron que todo estaba en su cabeza... pero él dijo "te quiero", y ella contestó.
Al final, los pájaros no cantaron, los hechos sí.
En su despedida, él dijo "te quiero".
Ésta vez, ella no.
Ella no supo si él mismo se creía.
Ella no quiso ver la realidad.
Ella no supo si siempre fue un juego que perdió al participar.
Lo que sí que supo en ese momento, es que nunca fue verdad.
Hoy sigue pensando que debió hacerle caso a aquel campo de margaritas, que el sentimiento y
los momentos vividos no compensan llevar un agujero negro creciendo en el pecho.
Pero cómo escuchar cuando los latidos se elevan por encima del ruido. Cómo.
Hay palabras que solo tienen sonido si te fijas en los labios de quien las pronuncia.
Hay hechos que parten bocas.
"Cada vez que veo a alguien deshojar margaritas, me pregunto quién fue el idiota que decidió
convertir un campo de flores en uno de minas."
Irene X.
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