Para mí la esperanza (no) siempre fue una sonrisa dibujada con dintel.
Por mucho que digan la clave no está en sonreír
porque no es lo mismo esconder los miedos bajo una máscara
que llorar a lágrima descubierta.
Máscaras tenemos todos,
pero el valor para hacerse (a la) mar lo tienen pocos.
Sin embargo, a veces el llanto agrieta el molde y se desliza sobre la piel,
es entonces cuando hay que dejarlo correr, descubrirse niño,
desenmascarar a los traidores de si mismos,
solidificar la angustia y verterla en forma de sal.
"Que no te vean llorar", te dirán aun así los actores que mejor cotizan,
los que mejor interpretan sus papeles de no humanos,
los que tienen sus pies pegados al suelo,
que no soltarán peso, ni para alcanzar el cielo.
Para llegar alto, pero alto de verdad, es necesario soltar peso,
y qué forma más bonita que llorando.
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