La definiría como poesía con piernas si sus piernas no fueran también poesía.
Ovidio ya escribió sobre sus ojos, laberintos en los que se pierde todo aquel que se adentra.
Si te atreves a adentrarte procura esconderte con destreza,
pues el minotauro,
aunque no sea más que amor con cuernos, embiste con fuerza.
Su melena dorada, le da ese aspecto de leona recién levantada por la mañana.
Está formada por el hilo de oro
que algunos de los que entramos en el laberinto hemos dejado fuera
con la esperanza de que nos pille el toro.
Lo dejamos fuera para enamorarnos de ella,
para que nuestra felicidad se encuentre en hacerla feliz,
y es aquí donde reside gran parte de su belleza,
en su sencillez, pues no hay objetivo más fácil de cumplir,
sólo necesita comida, una cama donde dormir
y unos cuantos libros
en los que vivir.