domingo, 28 de febrero de 2016

Marionetas rotas

Nosotros somos los titiriteros, de nuestras propias vidas y de la de los demás, 
no somos conscientes de los hilos que nos envuelven, de la influencia que tienen nuestras opiniones, nuestras acciones.

Puede parecer obvio, pero es algo que no tenemos en cuenta, y habrá quienes no quieran verlo, porque puede ser difícil, ¿verdad? Pensar que cada vez que has dolido a alguien has sido en parte o por completo responsable.
Es difícil porque eso te convierte en una mala persona, y tú no lo eres ¿no?
Eso lo sabes...

(A continuación se dará rienda suelta a la subjetividad, agárrate fuerte)

Pues permíteme  que te comunique que eres Gilipollas.
 Las buenas personas no existen, ni las malas, sólo existen las personas que (mentando al presi) hacen cosas. 
¿Quiénes nos creemos para juzgar moralmente un ser o acción?
¿De verdad crees que tu juicio es objetivo? 
Tendemos a deformar la realidad, aunque no nos convenga, a veces sólo para encajar.

Las acciones no tienen peso, tienen consecuencias.

No somos balanzas, somos integrantes de un círculo vicioso en el que es más fácil ser un capullo (en más de un sentido) que una persona.

Porque vivir es fácil con los ojos cerrados, y sólo te interesas por ti.
¿Cómo puedes estar seguro de que lo que haces es por "altruismo" y no simplemente para sentirte bien contigo mismo? P
ara creer que te mereces cosas "buenas".
Y de verdad lo creerás, 
y seguirás jugando con los hilos de aquellos en los que influyes, desgastando, rompiendo las marionetas que manejas, quebrantándote a ti.

Salvo que no son marionetas,
  son personas,
    conectadas entre sí.

sábado, 13 de febrero de 2016

"La eternidad de una espera"

La vida son dos días. 
Sí.
Y está para cometer locuras.
Claro.
Pero de pensarlo a dejar de vivir como cuerdos
desperdigando entre las horas los recuerdos...
hay un trecho.

Si algo he aprendido entre esas horas, es que tu soledad puede hacerle daño a los demás,
y que alejarte de gente que te quiere es difícil, pero también que puede ser la única forma de avanzar, 
porque no todas las formas de querer son buenas. 

Es algo que tengo que aceptar.
No sólo yo.

Hay pájaros que mueren en  jaulas de tristeza y flores que se marchitan en jarrones mientras sus "dueños" miran cómo se desintregan... 
Hay cosas que simplemente no deberían poseerse, como los hijos. 
Los hijos no son trozos de barro moldeables, ni cubos donde arrojar las frustraciones. 
Pero sobre todo, no son espejos, y si les cortas las alas caen, aunque eso no quiere decir que vayan a echar a andar.

La belleza se extingue por ausencia de libertad.

Sin embargo, esto no tiene que ver con flores, ni con pájaros cantores, simplemente no hay belleza entre estas rejas. 
Sólo hay ser, ser desencajado, vacío y hueco buscando sustancia entre cuatro paredes que albergan carcasa.
Que lo albergan a él.

Frustración.

Escribo rabia pero no la siento, la tengo en la punta de la lengua pero está dormida.
Lo único que siento últimamente es vergüenza, vergüenza de no tener lo que hace falta para salir de la celda, 
y eso es lo mas triste, porque la puerta está abierta y solo me detiene un cartel que dice textualmente: 
Si te adentras y no te encuentras... y no acaba, y ese es el problema.

La incertidumbre: ¿Qué? ¿Qué pasa si no me encuentro? 

La certeza: podría ser peor.

Yo, que hablo de flotar, que he flotado y me he hostiado y no me arrepiento...
Ahora tengo vértigo.

Ahora no quiero saltar.

Y prefiero marchitarme literalmente, ya ni si quiera sé a qué le temo. 
¿A salir de mi zona de confort? 
¿A doler como me han dolido? 
¿A qué? ¿A no poder levantarme? 
¿A la soledad que ya tengo? 
¿A perder lo que no? 
¿A que  mis cuatro pilares no aguanten?

Vivir con miedo pero no saber a qué (¿no te suena?), 
todavía no sé si necesito dos hostias o un empujón, 
pero estoy seguro de que lo que busco no está aquí.





miércoles, 3 de febrero de 2016

Superconsejito del día

Para mí la esperanza (no) siempre fue una sonrisa dibujada con dintel.

Por mucho que digan la clave no está en sonreír
porque no es lo mismo esconder los miedos bajo una máscara 
que llorar a lágrima descubierta.

Máscaras tenemos todos, 
pero el valor para hacerse (a la) mar lo tienen pocos.

Sin embargo, a veces el llanto agrieta el molde y se desliza sobre la piel, 
es entonces cuando hay que dejarlo correr, descubrirse niño, 
desenmascarar a los traidores de si mismos,
solidificar la angustia y verterla en forma de sal.

"Que no te vean llorar", te dirán aun así los actores que mejor cotizan,
los que mejor interpretan sus papeles de no humanos, 
los que tienen sus pies pegados al suelo,
que no soltarán peso, ni para alcanzar el cielo.




Para llegar alto, pero alto de verdad, es necesario soltar peso,
 y qué forma más bonita que llorando.