Me has quitado el sueño.
Ese en el que mojabas la orilla volviéndote mar.
Fugando para volver convertida en marea.
La única masa gravitatoria que suplicó movimiento
fue un hilo de agua
en la Columna Trajana de tus costillas.
Recuerdo el erizar de la arena en la desembocadura del río
el regreso de la ola al mar con la mirada alta y la cabeza esquiva
el besar del agua y la piedra y el gemir del mar contra la roca.
Las Recuerdo todas.
Todas y cada una de las respuestas
que acudieron a la llamada
del dedo que recorrió tu espalda.