miércoles, 12 de julio de 2017

¿Ornitofobia?

Uno no es realmente consciente de que tiene corazón hasta que se le muere un cupido.
Al enamorarse solo se sospecha que hay algo vivo ahí dentro.
Se me ha colao' un pajarillo y me ha hecho un nido en el pecho, piensa uno.
Me canta rumbas por la mañana y baladas por la noche. Y como no pide nada a cambio de alegrarme los días pues aquí se queda el bicho.


Con el tiempo le vas cogiendo cariño... o tirria. Porque te da calorcito aunque sea verano, te canta aunque sepas apreciar el silencio y te aletea de vez en cuando.
Pero he ahí el punto, no todo son rosas, porque para empezar, asienta de buenas a primeras su patio de recreo sin permiso y no se marcha.
Y esa es la cuestión, que siempre esta ahí. llegar llega, sabe aterrizar, pero es como si tuviera alas que planean y ningún sitio desde el que saltar.

No va con él eso de despegar.

La cosa es que a pesar de que no se marche tampoco tiene por qué quedarse.

Y es que muchos mueren.
La gente lo sabe, y hay quien no quiere refugiarlos, pero para cuando notas las primeras ramitas en el pecho... ahí ya no hay nada que hacer.

Ninguna forma de pararlo.
Cupido se llama el pájaro. Y sí, es un tipo de ave.

Hay quien coloca espantapájaros, y discos rallados para disuadirles de quedarse, pero hay cupidos que los encuentran interesantes o atractivos y hacen sus nidos con ellos.
También hay quien los llama y quien los intenta cazar al vuelo.
Pero no se puede cazar ni atrapar un cupido.
Les gusta el furtiveo, colarse entre los huecos y acomodarse en cualquier parte.

Son animalillos escurridizos y divertidos. Como los mapaches, (si no sabes a que me refiero busca vídeos de mapaches en youtube, no tienen pérdida. Son unos cabroncetes adorables) pero mucho más cariñosos. También mucho mas invasivos. Podríamos decir incluso parasitarios si se nutrieran de uno, pero en realidad solo dan.

Dan vida y dan muerte, pero nunca quitan nada.

La muerte de un cupido es una de las 7 cosas más tristes del mundo.
Y otras 3 tienen que ver con nuestros plumíferos amigos.
Por ello no es difícil entender que haya quien se esfuerce en espantarlos. Aunque pierdan el tiempo en una empresa imposible.

Da igual cuanto los odies o el asco que te de tener esa cosa chirriándote dentro.
En el momento en el que sus alas caigan, algo muere en tu interior. Porque en el tiempo que estuvo contigo fue parte de ti. Como un corazón con vida propia.
Pero lo peor es que cuando mueren ves el proceso. Rara vez caen de golpe. Se van descomponiendo poco a poco, sin que puedas hacer nada salvo darle un entierro digno llegada la hora. Algo meramente simbólico. Un puñado de lágrimas o de flores a veces sirven para volver a sentir que algo habita el nido. Pero al final da igual lo que le eches, porque siempre quedarán las ramas y algunas plumas.

La cosa es aprender a vivir con el nido en el pecho.

Hay quien no tarda en aprender, quien encuentra fácil aceptar que lo que un día llegó por arte de magia simplemente no era eterno. Y hay quien levanta marmóreos mausoleos en honor a la criatura que llenó su pecho.
También los hay que yerguen espantapájaros que antes creían innecesarios, pero la cuestión es que independientemente de lo que hagan, si han albergado un cupido, significa que saben o sospechan que tienes corazón, y si son de los primeros andarán con ojo.
O no.

Porque nunca se sabe cuando llegará otro cupido que quiera reutilizar lo que quede de aquel antiguo nido.

La cuestión es que si quiere entrar lo hará sin importarle una mierda tu opinión.
Yo albergué un cupido que me colmó.
Simplemente llegó y lo acepté. Me dio algunos de los mejores momentos de mi vida.

Pero también de los peores. Me acompañó durante unos 4 años de los cuales 2 estuvo convaleciente.

Cayó durante el cuarto.


Verlo morir no fue tan doloroso como aceptar que la enfermedad que lo asolaba era terminal.
No sabría decir qué día ni qué mes murió. La muerte de un cupido es muy difícil de determinar.

Se puede aproximar, pero un día simplemente encuentras el nido vacío y no eres capaz de recordar si el anterior aún seguía ahí.
Lo que sí recuerdas al ver el nido vacío es cómo era que estuviera lleno.
Cómo cantaba, el color de su plumaje y el olor de sus alas.

Te gustase o no el cupido siempre queda algo de nostalgia. Porque queda el vacío donde hubo plenitud.
Nunca un pecho ha albergado tanta pena como aquel que sabe de lo que hablo.
Pero tampoco ningún pecho albergó tanta alegría.

Yo sé que tengo corazón porque como dijo Lope "quien lo probó lo sabe."






PD: https://www.youtube.com/watch?v=7FOkyH9NVUQ&t=1s

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