lunes, 30 de noviembre de 2015

Mi muro de Berlín


He vuelto a pintar la pared.
Y he descubierto marcas que ya no siento,
cimientos que yo no he puesto 
y unos cuantos clichés entre los que te cuento.

No he podido taparte, 
así que he escrito en los márgenes de los lugares donde ya no vivo.
Que también son tú.
Aunque no sé muy bien que he querido decir.

Encontré en una esquina a la que no llegaba
todas las frases que guardé a quien un día fuiste.
Tuve que subirme a una silla.

También he encontrado tus dibujos, gracias.
Supongo.
Pero se tienen que marchar.

Lo que fuimos fue fácil de borrar, pero la sombra se escondió hasta el final.
Al borrarla me temblaron las piernas... pero no las manos.
Como la primera vez que te escribí.
Aquellos versos no los pude borrar, fueron esculpidos. 

Tampoco quise.

A ti sí. 
Y a pesar de mis esfuerzos siguen quedando pruebas.
Marcas. 
De besos y abrazos que han quedado plasmados como golpes y arañazos.

Como nosotros. 

Esta del suelo es del primero que te dí. Cuando se me cayó el alma a los pies,
y se ven las marcas del respaldo allí, en la pared...
Pero no quiero hacer más, hay marcas que simplemente no se pueden borrar. 

A ti te sobró tinta.
A mi me faltó piel.

miércoles, 14 de octubre de 2015

De ángeles en jaulas de aguas saladas

Te lo digo con el corazón en el puño; me tengo que ir. Ya no te quiero.

A ti el corazón nunca te ha cabido en el puño.

Emitió un sonido que se deslizaba entre risa y sollozo,
y poco después las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.
Lo interpreté como una señal, me acerqué a ella lentamente, suave, 
para que no echara a volar, le acaricié las alas, y se las puse a punto
por si le daba por despegar.

Pero no lo hizo, se quedó conmigo.
El aire la echó de menos pero yo se lo agradecí, 
como lo hizo la tierra al acogerla unos años más tarde, 
cuando me uní al viento en su lamento, 
cuando comenzó la tormenta de tormentos 
y decidí plasmarlo todo en este cuento.

Ahora que ya no es mía, ni de la tierra ni del viento,
ni del fuego que le manaba como agua de dentro, 
ahora que por fin es libre...

No lo siente      No mentía      No fue mía      No vive    

sábado, 12 de septiembre de 2015

HUMAN

Libertad, violencia, igualdad, dinero, familia, sufrimiento, amor, trabajo, felicidad.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Hora punta

El mundo siguió girando y yo con él, pero en sentido contrario, en busca de tu 
cuerpo. Cosiendo las hojas al calendario, luchando en vano contra el tiempo.

Cada vez que le muerdo me echa unos años. Y aunque no envejezco me hago mayor, 
y se me caen los dientes (y ahora con qué muerdo), se difumina el recuerdo.

Y el recuerdo deja paso a la imaginación, a la locura de quien no quiere estar 
cuerdo, o de quien prefiere los finales alternativos en los que nunca pierdo.

Deja paso al sueño de quien no quiere dormir porque prefiere imaginar las
madrugadas en vela que no pasó con ella.

Me queda soñar, que no vivir, pues las encías no me sirven, no me quedan uñas, 
y no se me ocurren más formas de robarle tiempo al tiempo.

Sueño con el tac tic de los relojes, con el regreso de la gota al ojo y con la 
lágrima que descolmó el vaso, con cómo me atrapas en un abrazo y me dejas 
escapar justo antes de llegar, con que esta puerta se abre de nuevo, de un 
portazo, y vuelves a salir. 

Pero esta vez de espaldas, dirigiéndote hacia mí.

viernes, 21 de agosto de 2015

Memorias rotas, reflejos cuerdos

Me miró sin verme y olvidé su rostro,
me besó sin rozarme y olvidé su nombre,
y al girarme no la vi.

Encontré a una chica asustada, que no estaba más fea por tener los ojos hinchados, las mejillas
inundadas o el pelo alborotado.
Una chica cansada, mirándome atónita desde el borde de la cama, tan deshecha como ella.

Le pregunté qué hacía en mi habitación, tenía que hacer la cama y recoger antes de bajar a tomarme el colacao, y luego ir al colegio, pero sólo tenía ganas de quedarme acostado y resolver aquel nuevo misterio, y de abrazarla, aunque no entendía por qué quería hacerlo.

La chica me respondió que estaba allí para ayudarme, por cómo lo dijo supe que no mentía, pero no era información suficiente, aunque tampoco parecía dispuesta a decir mucho más. 
Ya empezaba a despejarme y a hilar pensamientos, la chica tenía que haber estado ahí viéndome dormir, quizá incluso había dormido en la misma cama. Justo cuando iba a preguntarle si estaba loca, las primeras lágrimas brotaron de sus ojos y echaron raíces entre las sábanas, en un primer momento creí que estaba más loca de lo que mi frágil mente había calculado, sin embargo, aquella situación me resultó familiar.

Quería consolarla y a la vez correr, pero una vez más, por desgracia, me pudo la cordura, agarré unas zapatillas, eran blancas, esas no eran mis zapatillas, ¿serían de la muchacha? Levanté la cabeza... Aquella no era mi habitación, estaba impoluta, era blanca, había un pequeño armario enfrente de mi cama, un momento, esa no era mi cama, la puerta, las paredes, definitivamente no era mi dormitorio, me desorienté por completo.

Quizá la noche anterior no hubiese dormido en mi casa. La noche anterior. La chica, la chica, la chica. ¿Quería ayudarme? ¿A qué? ¿A volver a casa? Se lo pregunté, me dijo que entre sollozos que ya estaba en casa, esta vez no la creí, estaba loca loquísima, mi madre me advirtió sobre gente así, corrí hacia la puerta. Cerrada. Lo intenté de nuevo. Cerrada. Empujé más fuerte. Cerrada. 

La habitación me parecía cada vez más pequeña, y ella cada vez más grande, me dolía el pecho al mirarla, ¿por qué? 
Empecé a golpear la puerta y ella lloró más fuerte. Ya no pude contener más las lágrimas y la imité, grité lo más fuerte que pude, entonces se abrió la puerta, mi madre al fin había escuchado mis gritos. No, esa mano no era de mi madre, mi madre murió años atrás. Era una mano de hombre, que portaba una jeringuilla, corrí sin dudarlo hacia la chica, pero aquel hombre de azul me echó el guante, tiró de mí, y mientras miraba a la chica sentí un beso en el cuello, recordé su nombre. Se había levantado, estaba ante mí, lo pronuncié bajito, con miedo a perderlo, entonces alargó su mano hacia mi rostro, 
y yo, 
caí de nuevo en el olvido.

Lo que no recordé, fueron las promesas que rompí aquél día, que aquella mañana sería diferente, que la llevaría lejos del hospital, que por una vez no me iría, o la que rompí un año atrás, la de que no la olvidaría. 
Pensaba que esto último no lo haría aunque quisiera, pero me equivoco cada mañana que no la reconozco, cada vez que encuentro a una extraña donde siempre ha estado ella, y me duele el pecho cada vez que la miro porque el corazón recuerda lo que la mente ya no puede. Recuerda que al mirarla el pulso tendría que ser diferente, que no bombea suficiente sangre por mi cuerpo para hacer todas las cosas que querría hacer con ella, pero mi cerebro no lo entiende.

Ahora que rompo toda promesa realizada cara a cara, día a día. 
He llegado a la conclusión
de que en la batalla entre mente y corazón la mente manda. 

Pero si el corazón pierde, 
pierden los dos.



viernes, 7 de agosto de 2015

Sin título

Cuando te olvidé lo descuidaste.
Al quemarme te enfriaste.
Impotentes vimos alzarse el desastre.
Lo afrontamos como domingueros ante un tsunami.

Salimos por patas.

Corrimos, corrimos cuanto pudimos, y tras el impacto... simplemente nos dejamos arrastrar por la corriente, vimos desmoronarse todo a nuestro paso desde la cresta de la ola.

Cuando pasó lo peor, y el agua nos dejó para volver al mar, escurrí mis pensamientos, puse a secar camisa y pantalones, y mientras estrujaba los calcetines, te miré fijamente y dije:

Tú lo mataste, pero yo lo enterré, y no sé qué es peor, porque no me importó si fue un accidente.
¿Sabes? 
Ni siquiera quiero saberlo, sólo quiero que no vuelva, que no vuelvas, nunca.

Recogí mi ropa, me puse los zapatos y me fui, sin la intención de volver a mirar nunca atrás, pero tuve que hacerlo, olvidé los calcetines, di media vuelta, deshice el camino, los agarré sin mirarte, recogí también la poca dignidad que me quedaba, la sacudí un poco y me la colgué de mala manera antes de partir.

Esta vez no me detuvo tu voz, que nunca oí, ni la ropa que no me puse, esta vez fueron los gritos, al volver la vista atrás me percaté de que los observabas, a ellos, que gritaban, al muchacho que se ahogaba, al hombre que te llamaba a voz en grito pidiendo explicaciones, mirándome a mí, hace unos años, cuando te pedía que no te fueras.

Entonces te espeté: joder, mira lo que hemos hecho. Estás tan muerta como lo nuestro... ¿verdad? 

Y ya ni siquiera supe si tenía a alguien delante, si alguna vez tuvimos algo, ni si hice todo aquel camino sólo, si no era a mi a quién pedía explicaciones, si me estaba mirando a mi mismo mientras me ahogaba, mientras recordaba lo que era ser... cuando estabas.

lunes, 3 de agosto de 2015

¿Rencor? ¿Eso qué es?

Mi muy... repudiada, e indeseada... lo que sea, que ya no sé lo que es, a quien solo quiero lejos:

He de decirle, desde nuestra antigua habitación, 
esa que ahora está cargada de recuerdos y aire helado... 
que se acabó. Que me rindo, le cedo la victoria, 
ha ganado usted la batalla del orgullo, 
yo ya me he tragado el mío, ahora, si me disculpa, 
buscaré alguna esquina dónde vomitarlo, 
junto a alguna lágrima que tragué de más, 
pero puede usted estar tranquila, no se preocupe, 
me iré lejos para no mancharle los tacones. 
Sus muy merecidos premios se encuentran en la habitación, 
puede pasar a recogerlos cuando desee, 
espero que disfrute de la nostalgia, 
eso suponiendo que tenga corazón claro,
si no, disfrute de su pulmonía. 

Cargado de rencor, se despide atentamente un servidor.
Muchos cuchillos.

viernes, 31 de julio de 2015

Certidumbres varias

Y al final va a ser cierto que para mi no es tan fácil,
que no me vale con el ritmo, ni con el latir que hay detrás,
que un contoneo de caderas sólo es suficiente si surge de tu vientre,
que no me vale una noche de borrachera, que necesito la melodía,
el hincarte el diente, un corazón que me siga el paso, 
que se acelere al besar y se detenga en la mirada,
que marque el principio de un nuevo día, el dormir con compañía,
                                                                                                            o la vida antes de ti.

lunes, 27 de julio de 2015

No te rindas


La depresión es una batalla personal que sólo pierdes si te rindes. 

Así que, por favor, 

NO TE RINDAS.

lunes, 29 de junio de 2015

Relocos y recuerdos

Con tu canción rondando por mi cabeza me dirigí a perderme
 entre las piernas de otra, solo para no encontrarte.
 Y si no te encontré fue porque para encontrar algo primero hay que perderlo,
 pero tu siempre estuviste ahí,
porque me quede a vivir en aquella playa en la que la estrella que más quemaba eras tú,
o en aquel parque que hizo de gimnasio en el que me enseñaste a ejercitar el corazón. 
-Trató de levantar demasiado peso señor -dijo el doctor- debería guardar reposo.
Reposo? Imposible, contigo solo habían guerras de trincheras, de desgaste,
quizá debería haber blandido el parte médico a modo de bandera blanca,
 pero me daba miedo perder mi medicación, tus dosis de locura diarias.

Mi psicólogo dice que lo mejor que puedo hacer es olvidarte,
así que eso trato de hacer, mas o menos... 
Cada dos minutos

miércoles, 17 de junio de 2015

El amor no es ciego, es ceguera.

Noté una serie de constantes golpecitos en la pierna que me obligaron a abrir los ojos. 
Al alzar la vista contemplé el rostro de un anciano, de unos ojos completamente blancos que hacían juego con su pelo. 
El anciano me preguntó: 
-Muchacho, ¿aquí se coge el 8?
Dudé unos segundos, pasmado a causa de aquellos pozos blancos que parecían escrutarme, me recompuse y le contesté que sí, que era el mismo autobús que unos minutos más tarde cogería yo.
Se sentó junto a mí y guardamos silencio durante unos escasos segundos que dediqué a contemplarlo.
Para cuando me paré en sus ojos, como si adivinara lo que estaba pensando me dijo:
-¿Sabes? Yo no nací así, ¿quieres saber cómo me pasó esto?
Me quedé perplejo, estuve a punto de decirle que no por respeto y porque me incomodaba la situación, pero lo cierto es que sentía curiosidad, así que me aventuré dándole pie a continuar.
-Bueno, si te digo la verdad la culpa es de una mujer -comenzó el anciano-, es suya por llevar tanta vida tatuada en las pupilas. -Paró unos segundos, lanzó un profundo suspiro y continuó: -La verdad es que por aquel entonces pensaba que todas las miradas estaban vacías, pero en aquellos ojos muchacho... en aquellos ojos podía ver mis nuevos libros favoritos, los rincones donde ella pasaba el tiempo que no le sobraba pero que igualmente gastó, los saltos que se arrepentía de no dar y los que dio, pero sobretodo, en sus ojos leía poesía, si es verdad eso que dicen de que los ojos son el espejo del alma ella debía estar condenada al cielo. 
Lo cierto es que me aprendí sus ojos tan bien que era capaz de tomarle el pulso sólo con mirarla. Así fue cómo me di cuenta de cómo se le aceleraba el corazón cuando él aparecía ante sus ojos...Cuando le miraba a él, no a mi, porque aunque a mi me vio muchas veces, la verdad es que nunca me miró, al menos no como yo la miraba a ella. -Guardó silencio unos segundos antes de preguntar: 
-¿Sigues ahí?
Asentí con la cabeza, solo para darme cuenta de lo absurdo de gesticular ante un ciego, su descripción me había pillado desprevenido porque sabía exactamente a qué se refería, contesté un escueto 'sí' con el hilo de voz que pude reunir, pero para entonces su autobús se aproximaba, se lo indiqué y susurró con una voz parecida a la mía:
 -Sus ojos fueron la cosa más bonita que vi en mi vida, después de ella ya no quedaba nada digno de ver.
Recogió su bastón y echó a andar alejándose del autobús con paso seguro. 
Paró el autobús y abrió las puertas, pero yo permanecí sentado, con la mirada clavada en su espalda como si esperara que el ciego volviera para continuar su relato,y aunque sentí el impulso de correr para alcanzarlo, algo me decía que ya conocía su historia, y sabía que ese autobús me llevaría junto a los ojos que yo quería ver, ojos que aquella tarde ya lejana vi por última vez, y es por eso por lo que hoy que mi canoso pelo y mi mirada hacen juego, me sigo arrepintiendo de no haber corrido tras él. 

Ya no recuerdo lo que es ver, pero aún recuerdo sus ojos.

viernes, 5 de junio de 2015

La cuestión está en los peros

Cuando me preguntaron por qué fracasaron aquellos que tanto se amaron
respondí que esta vez no fue una cuestión de por qués, si no de peros...
Porque ellos se querían pero él dejó de tenerlo claro.
Porque aunque se querían les dijeron que aquello era malo.
Porque aguantaron pero dudaron.
Porque pudieron volar pero corrieron, tropezaron y cayeron.
Porque planearon huir pero se quedaron.
Porque no quisieron volver pero pudieron.
Porque se quisieron pero no se amaron.
Porque recogieron lo que sembraron... pero lo quemaron.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Quiérete

Todos queremos que sean otros los que hagan las cosas que nosotros no sabemos hacernos, como que nos perdonen, que nos acepten... Que nos quieran.
Necesidades que surgen por falta de amor propio, por carencia de autosuficiencia.
Y es que amar es fácil, sólo tienes que dejarte llevar, pero amarse a uno mismo es harina de otro costal, porque para eso tienes que ir en contra de todos, de los que te dicen que no vales para nada y de los que te cuentan que eres perfecto tal y como eres... 
Necesitas darte cuenta de que es mentira, aceptar que eres humano y por tanto imperfecto, mortal.
Hay quien se acepta y mejora y hay quien mejora para aceptarse, el problema surge cuando confundimos ese mejorar con pretender ser quienes no somos, quienes no seremos. 
Deberíamos aprender que nuestros defectos forman parte de nosotros, pero en lugar de esforzarnos en conocernos y aceptarnos, que son los primeros pasos que debemos dar para llegar a querernos, damos un giro de tuerca en dirección equivocada para perfeccionarnos, luchando contra nosotros mismos, como si la existencia de la perfección fuera distinta de la de príncipes azules, unicornios y otras bestias, como si una nariz más recta, más carmín en los labios, unos centímetros más (de altura... o no) o un tríceps de tamaño considerable pesase más que tu cerebro y todo lo que en el puedes llegar a albergar.

sábado, 9 de mayo de 2015

Ascensión (Recaída II)

Vuelvo a verte en el filo, mirando el abismo, tentado por el vacío.
Te veo cometiendo los mismos errores, buscando nuevas excusas para saltar,
para repostar y avivar las brasas de un fuego extinguido. 
Te he vuelto a pedir que recapacites, pero veo en tus ojos la misma determinación que cuando caíste,
la determinación de un corazón suicida que siente curiosidad por explorar la oscuridad,
por encontrar la luz en ella, luz que dices atisbar, pero que sólo un loco puede ver. 

Ya has cogido carrerilla, así que me adhiero a tu espalda cual paracaídas,
 pero te estorba la mochila, y aunque sabes que la caída te destrozará,
 me apartas y saltas, porque también sabes que disfrutarás cada segundo que pases en el aire.
Yo me quedo arriba, rezando por ti, calculando los daños, pensando en como repararte cuando te estrelles, preguntándome cuanto tardaría en bajar, si quedará algo de ti cuando yo llegue. 

Acabo por desechar todos mis pensamientos y me concentro en rezar por que ocurra un puto milagro,
cierro los ojos por no verte chocar, mientras desciendes a toda velocidad,
tu vida cae contigo, la miras a los ojos recorriéndola una ultima vez,
encontrando en ella las razones que habías perdido, razones que te dan fuerzas
para crear cientos de paracaídas que ya no te hacen falta, porque tienes unas putas alas preciosas,
alas que utilizas para volar unos segundos a ras de suelo, el tiempo necesario 
para coger impulso y elevarte hacia el cielo.

Objetivo las estrellas, pasas frente a mi para convertirte en una de ellas, y yo, aún con los ojos cerrados no te veo pasar, acabo reuniendo el poco valor que no te has llevado y los abro, buscándote abajo, donde por arte de religión ya no estás, así que mientras observo aquella nueva estrella que brilla cómo tus ojos lo hicieron justo antes de saltar, grito al cielo agradecido por aquella obra de arte, por salvarte, como si no te hubiesen salvado tus alas (ganas), como si te hubiese salvado Dios (yo).

Moraleja: deberíamos rezar menos, y saltar más.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Fuego y tinta

Yo no cierro las heridas con hilo y aguja, las cierro con pluma y papel,
 porque el papel es volátil y la tinta también,
 y qué mejor forma de cerrar una herida que quemando la piel.
 Tú siempre has sido mi mejor mechero,
 por eso llevan tu nombre todas mis cicatrices,
 por eso no te creo cuando me dices,
que no volverás a tatuarme tu nombre en la piel,
por eso no te creo cuando me dices,
 que te vas para no volver.

domingo, 3 de mayo de 2015

Sólo en casa

Empecé la casa por el tejado
ocupándome de alinear las tejas, 
asegurándome de reforzar las rejas 
para que no escapes de mi lado,
no me parecen lo suficientemente fuertes, así que me quedo pensando,
y planeo que hacer si tu me dejas 
si te da por saltar aquellas verjas 
que por ti he colocado.
Ahora sé que antes de ti no me había enamorado 
que quiero que sin mi no te hagas vieja, por lo que vuelvo a levantar la cabeza, 
para mordisquearte de nuevo la oreja, y es entonces cuando me golpea la moraleja,
ya que mientras colocaba las rejas, te habías alejado.

jueves, 2 de abril de 2015

Memento

¿Quién me ha robado el mes de abril? 
¿Dónde he dejado los besos que no he dado? 
Ya no están en el cajón. 
No recuerdo dónde me deje las ganas, 
sé que no fue en mi habitación. 
No recuerdo nada. 

 "Si no recuerdas de algo es que no tiene importancia." 

Eso es lo que ella solía decir.
Ahora sé que tenía razón, 
porque no recuerdo nada desde el día que la perdí.


jueves, 26 de marzo de 2015

El laberinto de sus ojos

La definiría como poesía con piernas si sus piernas no fueran también poesía.

Ovidio ya escribió sobre sus ojos, laberintos en los que se pierde todo aquel que se adentra. 
Si te atreves a adentrarte procura esconderte con destreza,
pues el minotauro,
aunque no sea más que amor con cuernos, embiste con fuerza.

Su melena dorada, le da ese aspecto de leona recién levantada por la mañana. 
Está formada por el hilo de oro 
que algunos de los que entramos en el laberinto hemos dejado fuera
con la esperanza de que nos pille el toro.

Lo dejamos fuera para enamorarnos de ella,
 para que nuestra felicidad se encuentre en hacerla feliz,
 y es aquí donde reside gran parte de su belleza, 
en su sencillez, pues no hay objetivo más fácil de cumplir,
sólo necesita comida, una cama donde dormir
y unos cuantos libros 
en los que vivir.


sábado, 14 de marzo de 2015

Adiós

Me quedo con la colección de monedas,
me quedo con el diploma al mejor nieto, aunque no sea verdad,
me quedo con los paseos en carrito,
con los chicles y el granizo,
me quedo con aquellas historias  
donde relatabas tus `memorias´, 
me quedo con el fuerte de vaqueros,
por quedarme me quedaría contigo abuelo, pero no puedo.

Te quiero

sábado, 7 de marzo de 2015

El escapista

5 huidas, 4 heridas, cada una con nombre y apellido.

-La primera herida huida, la que más dolió.
 Huí de quien me enseñó qué es el amor, de a quién más debo de lo que ahora soy, de sobre quien nunca escribo, pero a la que siempre encuentro en cada uno de mis versos.
De una forma u otra ella fue la bailarina de Viena, cada bala disparada que impactó en mi pecho y aquella hoguera que me dejó ciego largo tiempo, pero sobre todo, ella fue la que me enseñó por qué escriben los poetas.

-La segunda herida huida me enseñó que yo también podía enamorar.
Huí de una de las mejores personas que he conocido nunca. Con ella planeé una vida idílica sólo para matar el tiempo haciendo los bocetos, hoy me arrepiento de cada trazo, pues acabé abandonándolos en una esquina, esquina a la que ella sigue llevando flores, esquina por la que yo ya no paso.

-La tercera herida huida fue el mayor error de mi vida, no por la huida en sí, ya que cogí aire con cada paso que me alejaba del vaso medio lleno (de sentimientos) donde me ahogaba, sino por lo que dejé en él. La dejé a ella, quise sacarla, pero ella solo quería nadar conmigo. Por desgracia sé que aún sigue allí, arrugándose.

-La cuarta herida huida aún escuece, esta vez huí a dos pupitres de distancia.
Me alejé a través de palabras en la web porque me dolió doler. 
Huí de con quien jamás pude haber sido, aunque no sé por qué.
Huí de mi chica perfecta, a quien por desgracia no he llegado a querer (al menos, no como ella necesita que la quiera). A ella le debo este texto y todos mis versos, pues fue la que me animó a escribir, y siempre le estaré agradecido por ello.

La quinta y última huida no dejó herida. 
No sé si llegué a quererla, pero sí sé que ella a mí no, pues no sabe como hacerlo.
Cuando me di cuenta le dije que me iría. Ella prometió que cambiaría, yo no la creí, pero aún así me quedé. Al final solo me arrepentí de quedarme, pues llevaba yo razón. Solo le agradezco que no me permitiese darle más, pues aunque le di mucho, le debo poco.

sábado, 28 de febrero de 2015

Mi época: Puta bida tt

He nacido en una época en la que a pensar y a replantearse cualquier cosa se le llama ¨rayarse¨... y rayarse... es malo.
En mi época, aproximadamente el 75% de los corazones son de plástico, hoy en día los corazones se reponen fácilmente. Si te duele, antes de esperar y lamerte las heridas, puedes quitártelo y colocar en su lugar otro más artificial. Menos humano.
El otro 25%, el que tiene un corazón... raro, es o bien porque aún no ha sido dañado (lo cuál hoy en día es peculiar) o bien porque se encuentra en una de esas personas extravagantes que se enorgullecen de sus heridas, de las que no necesitan un trasplante para seguir adelante.
En mi época, el raro es aquél que no tiene máscaras en el armario, que se muestra como es, aquella que no necesita embotarse la cara en maquillaje para sentirse guapa, o aquél que no se gasta la paga en la peluquería por un buen tupé.
En mi época, la gente ¨no cree¨ en el amor. Y no es de extrañar, pues no es algo fácil de sentir para n corazón artificial.
Personalmente, diría que amar es, entre otras cosas, tener el valor de renunciar a uno mismo para entregarse a otra persona. Pero en una sociedad en la que se premia el ser más que otro, el pasar por encima sin vergüenza ninguna, y abunda el orgullo insano (por ponerle nombre a esa dignidad exaltada de la que muchos se rodean), ¿cómo se va a creer en que algo así te puede hacer feliz, dándolo todo por una persona? Es una locura.
Una locura real, si eres de esos que no creen, te informo de que sí, de que se puede. (Cómo dijo Lope: quién lo probó lo sabe) Y espero que cuando algún día te quedas mirando a alguien creyendo que te va a explotar el corazón, justo antes de lanzarte pienses: joder, tenía razón.

lunes, 23 de febrero de 2015

Hay una bala en cada mirada esperando a ser disparada.

Dicen que las armas las carga el demonio, pero tus ojos los cargué yo.
Coloqué la munición cuidadosamente en tu mirada ausente,
teniendo siempre en mente los orificios que abrirían las balas en mi pecho,
sin considerar lo maltrecho que éste podría quedar.
No me paré ni un momento a pensar en el dolor que te di opción a provocar(me).
Aunque de haberlo hecho, ¿qué habría cambiado?
De todas formas habrías disparado.
Era un blanco fácil, quieto, delante tuya, a pecho descubierto.
No te habrías atrevido a preguntar por qué no huía, no buscabas una respuesta,
sólo una orquesta de disparos, solo una ristra de motivos,
y he de reconocer, que no se si fui yo, o fueron ellos...
 Pero te dimos unos cuantos.

PD: Con los pies fríos no se piensa bien.

jueves, 12 de febrero de 2015

Fur Elise

Cuentan que la mejor bailarina de Viena, Elise, era una dama de hielo. De hielo y de cristal, que bailaba a pesar de su fragilidad. Dicen que producía chirridos desagradables al andar, debido al roce del hielo y el cristal. Sin embargo, también dicen que cuando danzaba, todos sus ruidos se convertían en música para los oídos de todo aquél que se paraba a escuchar.

Yo fui uno de aquellos privilegiados que la vieron bailar. Y digo que la vi porque mi sordera me impidió escuchar absolutamente nada.
A mi alrededor, todos los que aquella noche habían acudido al teatro se maravillaban presenciando el espectáculo, pero para mi, aquella escena era cuanto menos grotesca. Presencié como la chica se astillaba, como caía en pedazos con cada giro que daba. De su cuerpo saltaban esquirlas de cristal que acudían a alojarse entre las ropas del público, pero ni siquiera ella parecía percatarse.
La verdad es que había algo de belleza en aquel horror, la belleza de sus gráciles pero rotos movimientos. Pero no era belleza suficiente para retenerme en mi asiento y permitir que aquella chica se matara.
Busqué cordura en el caballero de mi derecha, en cuyos labios, al interrumpirle leí: "Cállese, déjeme escuchar". Me pregunté qué había que escuchar, pues la orquesta permanecía inmóvil, respetuosa. Volví mi atención a la chica, y al centrarme en ella, mi cabeza empezó a crear las notas que mis oídos no podían escuchar. Juro que acabé la partitura al tiempo que la dama caía, y junto al silencio, llegó la reflexión de que la música, como bien sabía la dama que yacía en el escenario... era una causa digna por la que dar la vida. Por hacerme entender esto, Elise, la Bagatella que me diste, es para ti.

Ludwig van Beethoven

https://www.youtube.com/watch?v=_mVW8tgGY_w

domingo, 11 de enero de 2015

El robo

Ni siquiera escuchó el portazo.
Todo fue demasiado violento, se quedó en shock, olvidó respirar y comenzó a quemarle el pecho. No sabía si tenía que inspirar o espirar, así que intento ambas, pero aquél cúmulo de vacío impidió el paso de aire. Cuando su mente solucionó a medias el problema de la respiración, se centró en su situación. 
Estaba tirado en el suelo, pero no sabía cómo llegó allí. Trató de levantarse, poco a poco, primero se incorporó y cruzó las piernas sin pensar mas que en el movimiento de sus extremidades. 
Al cruzarlas, vio una gota que caía. Se palpó la cara, los ojos y los pómulos estaban húmedos, sin embargo no recordaba haber llorado. Se secó con la manga de su jersey, y continuó la ascensión apoyándose en sus de repente tan pesados brazos. Acabó de erguirse mientras su mente navegaba entre las gotas que acababa de secar.
Notó la espalda cargada y se estiró, y al hacerlo su mirada tropezó con la puerta...la puerta...
Se habían llevado algo por aquella puerta. Pero, ¿qué?

 Algo suyo...

Empezó a preocuparse y recordó el portazo, el cúmulo de vacío volvió a su garganta, le habían robado en su propia casa. miró a su alrededor en busca de la ausencia, todo parecía en orden, tocó sus bolsillos y encontró su móvil, marcó asustado el 112 y descolgó... esperó, y justo cuando una voz respondió al otro lado... colgó.
 Había recordado qué le habían robado. Buscó refugio en una esquina mientras las lágrimas lo hacían en su rostro, pero pronto transformó sus sollozos en risas al pensar en la tontería que había estado a punto de cometer al denunciar el robo, pues a día de hoy, robar esperanzas, ilusiones, y metáforas carnales... por mucho que pese a las víctimas,
 no es delito.

(A mí me robaron la poesía)