Todos queremos que sean otros los que hagan las cosas que nosotros no sabemos hacernos, como que nos perdonen, que nos acepten... Que nos quieran.
Necesidades que surgen por falta de amor propio, por carencia de autosuficiencia.
Y es que amar es fácil, sólo tienes que dejarte llevar, pero amarse a uno mismo es harina de otro costal, porque para eso tienes que ir en contra de todos, de los que te dicen que no vales para nada y de los que te cuentan que eres perfecto tal y como eres...
Necesitas darte cuenta de que es mentira, aceptar que eres humano y por tanto imperfecto, mortal.
Hay quien se acepta y mejora y hay quien mejora para aceptarse, el problema surge cuando confundimos ese mejorar con pretender ser quienes no somos, quienes no seremos.
Deberíamos aprender que nuestros defectos forman parte de nosotros, pero en lugar de esforzarnos en conocernos y aceptarnos, que son los primeros pasos que debemos dar para llegar a querernos, damos un giro de tuerca en dirección equivocada para perfeccionarnos, luchando contra nosotros mismos, como si la existencia de la perfección fuera distinta de la de príncipes azules, unicornios y otras bestias, como si una nariz más recta, más carmín en los labios, unos centímetros más (de altura... o no) o un tríceps de tamaño considerable pesase más que tu cerebro y todo lo que en el puedes llegar a albergar.
miércoles, 20 de mayo de 2015
sábado, 9 de mayo de 2015
Ascensión (Recaída II)
Vuelvo a verte en el filo, mirando el abismo, tentado por el vacío.
Te veo cometiendo los mismos errores, buscando nuevas excusas para saltar,
para repostar y avivar las brasas de un fuego extinguido.
Te he vuelto a pedir que recapacites, pero veo en tus ojos la misma determinación que cuando caíste,
la determinación de un corazón suicida que siente curiosidad por explorar la oscuridad,
por encontrar la luz en ella, luz que dices atisbar, pero que sólo un loco puede ver.
Ya has cogido carrerilla, así que me adhiero a tu espalda cual paracaídas,
pero te estorba la mochila, y aunque sabes que la caída te destrozará,
me apartas y saltas, porque también sabes que disfrutarás cada segundo que pases en el aire.
Yo me quedo arriba, rezando por ti, calculando los daños, pensando en como repararte cuando te estrelles, preguntándome cuanto tardaría en bajar, si quedará algo de ti cuando yo llegue.
Acabo por desechar todos mis pensamientos y me concentro en rezar por que ocurra un puto milagro,
cierro los ojos por no verte chocar, mientras desciendes a toda velocidad,
tu vida cae contigo, la miras a los ojos recorriéndola una ultima vez,
encontrando en ella las razones que habías perdido, razones que te dan fuerzas
para crear cientos de paracaídas que ya no te hacen falta, porque tienes unas putas alas preciosas,
alas que utilizas para volar unos segundos a ras de suelo, el tiempo necesario
para coger impulso y elevarte hacia el cielo.
Objetivo las estrellas, pasas frente a mi para convertirte en una de ellas, y yo, aún con los ojos cerrados no te veo pasar, acabo reuniendo el poco valor que no te has llevado y los abro, buscándote abajo, donde por arte de religión ya no estás, así que mientras observo aquella nueva estrella que brilla cómo tus ojos lo hicieron justo antes de saltar, grito al cielo agradecido por aquella obra de arte, por salvarte, como si no te hubiesen salvado tus alas (ganas), como si te hubiese salvado Dios (yo).
Moraleja: deberíamos rezar menos, y saltar más.
miércoles, 6 de mayo de 2015
Fuego y tinta
Yo no cierro las heridas con hilo y aguja, las cierro con pluma y papel,
porque el papel es volátil y la tinta también,
y qué mejor forma de cerrar una herida que quemando la piel.
Tú siempre has sido mi mejor mechero,
por eso llevan tu nombre todas mis cicatrices,
por eso no te creo cuando me dices,
que no volverás a tatuarme tu nombre en la piel,
por eso no te creo cuando me dices,
que te vas para no volver.
domingo, 3 de mayo de 2015
Sólo en casa
Empecé la casa por el tejado
ocupándome de alinear las tejas,
asegurándome de reforzar las rejas
para que no escapes de mi lado,
no me parecen lo suficientemente fuertes, así que me quedo pensando,
y planeo que hacer si tu me dejas
si te da por saltar aquellas verjas
que por ti he colocado.
Ahora sé que antes de ti no me había enamorado
que quiero que sin mi no te hagas vieja, por lo que vuelvo a levantar la cabeza,
para mordisquearte de nuevo la oreja, y es entonces cuando me golpea la moraleja,
ya que mientras colocaba las rejas, te habías alejado.
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