miércoles, 14 de octubre de 2015

De ángeles en jaulas de aguas saladas

Te lo digo con el corazón en el puño; me tengo que ir. Ya no te quiero.

A ti el corazón nunca te ha cabido en el puño.

Emitió un sonido que se deslizaba entre risa y sollozo,
y poco después las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.
Lo interpreté como una señal, me acerqué a ella lentamente, suave, 
para que no echara a volar, le acaricié las alas, y se las puse a punto
por si le daba por despegar.

Pero no lo hizo, se quedó conmigo.
El aire la echó de menos pero yo se lo agradecí, 
como lo hizo la tierra al acogerla unos años más tarde, 
cuando me uní al viento en su lamento, 
cuando comenzó la tormenta de tormentos 
y decidí plasmarlo todo en este cuento.

Ahora que ya no es mía, ni de la tierra ni del viento,
ni del fuego que le manaba como agua de dentro, 
ahora que por fin es libre...

No lo siente      No mentía      No fue mía      No vive