jueves, 11 de agosto de 2016

Poética imperfectiva

No es que lo idealizara, es que lo inventó. 
Lo hizo perfecto.
De una pincelada dibujo su cuerpo, perfilado con toda clase de defectos.

Entiendo que para aquellos que fundamenten el conocimiento a través de 
la lógica tradicional esto último pueda parecer no encajar con el concepto.

No todo el mundo puede concebir la perfección del defecto, 
o lo que es lo mismo, la perfección de la imperfección.
Sería algo así como la oscuridad de la luz o la luz de la oscuridad.
Simplemente no tiene sentido. 

Pero tampoco hace falta que lo tenga para que te haga sentirte lleno el simple hecho de plasmarlo en un papel. 
Es una de esas verdades que no se definen con palabras, de esas que se alcanzan por varias vías. 
La más bonita es el amor. 
Pero hay otras, como pueden ser 
el sufrimiento, propio o ajeno, 
la muerte, de uno o de otro, 
un claro en un bosque, 
un árbol en el asfalto, 
un banksy, 
una sonrisa en un  cementerio,
 o una oscuridad en la luz. 

Todos hemos pasado por esta última, porque todos hemos tenido alguna vez razones de más para ser la persona más feliz del mundo y nos hemos sentido sumamente desgraciados.

No todos sabemos darle sentido al sinsentido, 
aceptar una verdad impuesta,
conformarnos con el mal menor,
con la no respuesta.

Lo que si sabemos, es aceptar
que hay vida detrás de tanta muerte y viceversa, 
que que cuando uno versa, 
el objetivo es plasmar las ideas en fila 
para que lleguen desordenadas a cualquier latido, 
sembrar la semilla del caos y plantear que algo sin sentido, 
algo lleno de defectos, también puede ser perfecto.



                                             La poesía es un arma cargada de futuro:



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