Si la encuentras dale recuerdos de aquellos días en que la vida si bien más compleja era mucho más fácil.
Recordar le hará bien.
Cuando agache la cabeza,
cuando vuelva a mirar el polvo que permea su piel yerma, dale mi corazón de tinta,
deja que inunde sus venas y que al recorrer sus yemas le conceda el don de dejar huella.
Ella entenderá.
Pero recuerda, tú, a quien ha olvidado,
tú, de entre todos los ellos,
recuerda qué fuiste.
Pues no hay mayor castigo que la conciencia,
y sin conciencia no hay recuerdo como sin arrepentimiento no hay perdón.
Si hay justicia la harás entender, su terroso yugo se hará de piedra
y yo esculpiré su forma gestando la verdad marmórea que su peso oculta.
Dame un cincel, dame un cincel para que al desbastar
las esquirlas de su culpa se claven en mi piel y pueda así compartir su carga.
Dame un cincel, dame un cincel para concretar su tormento a golpes
y aligerar su penitencia.
Dame un cincel que perfile la verdad que la sepulta.
Y si acaso no hay justicia,
mi corazón ya no fuese tintero,
o el crudo que albergaba estuviera seco,
que estas letras sean agua
aunque de barro me cubra.
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