Cansado de obtener un no por respuesta, dejó de preguntar,
y ante la ausencia de cuestión , aquellos labios,
por nostalgia y redención,
cambiaron aquel monosílabo de negación
por una rotunda afirmación,
afirmación con nombre y apellido que fue entregada al siguiente en preguntar,
cuando aquellos labios, aunque de otra forma, se cansaron de esperar.
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