Ambos jugaron con fuego hasta que se produjo el incendio.
Tardaron en darse cuenta de que se estaban consumiendo.
Para cuando escaparon, ambos se habían quemado,
se culparon el uno al otro sin saber que había pasado.
Pero entonces el fuego se les reflejó en los ojos,
impulsándoles de nuevo a la fricción,
al roce entre corazón y corazón.
Y volvió la chispa y surgió la llama,
y de nuevo el incendio y la escapada,
y el reproche,
y la mirada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario