Unos sangran balas y
otros palabras que quedan olvidadas y sepultadas por el odio
A nosotros que éramos
los otros nos pasó lo que a la biblioteca de Alejandría
era obvio que con
nuestro fuego arderíamos aquél día
dijimos más de lo que
nos permitía el ego
así que nos dejaron
sin papel y nos cortaron las alas
pero para cuando llegaron
las mordazas lo que habíamos construido ya nos superaba
y siguió quedando el
eco de la piel marcada.
Hicimos suficiente
ruido para que nos lanzaran insultos y estocadas
pero de los vestigios
no brotaron balas
sino que sangramos
las palabras que creían silenciadas.
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