Empezamos con los relojes parados porque eso de sincronizarnos no iba con nosotros.
Andamos en paralelo, izquierda y derecha, pero imantados hacia un centro que solo existe para que cumplamos un objetivo común.
Hacer poesía.
Cada uno a su manera,
pero con la misma tinta.
Y aunque en realidad nunca hemos estado en la misma página,
ni en la misma línea,
hemos aprendido a cruzar los trazos.
Porque nos desbordamos ante el posible exceso de la piel del otro
y no hay renglón ni folio que pueda contenernos.
Nos besamos mordiendo el tiempo que llevamos congelado en las muñecas.
Saboreamos lento cada bocado de unos labios que saben sonreír a quemarropa y florecer tras cada frase.
Y es que no nos entendemos en distinto cauce,
nos entendemos superpuestos.
Como se entienden el mar y la roca,
chocando
El tabaco y la llama,
ardiendo
La brisa
y tu pelo
flotando
Andamos en paralelo, izquierda y derecha, pero imantados hacia un centro que solo existe para que cumplamos un objetivo común.
Hacer poesía.
Cada uno a su manera,
pero con la misma tinta.
Y aunque en realidad nunca hemos estado en la misma página,
ni en la misma línea,
hemos aprendido a cruzar los trazos.
Porque nos desbordamos ante el posible exceso de la piel del otro
y no hay renglón ni folio que pueda contenernos.
Nos besamos mordiendo el tiempo que llevamos congelado en las muñecas.
Saboreamos lento cada bocado de unos labios que saben sonreír a quemarropa y florecer tras cada frase.
Y es que no nos entendemos en distinto cauce,
nos entendemos superpuestos.
Como se entienden el mar y la roca,
chocando
El tabaco y la llama,
ardiendo
La brisa
y tu pelo
flotando
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