Alea jacta est.
Cuando el amor y el dolor iban a su casa a jugar a los dados, observaba la partida con atención, siempre apostándolo todo por el amor. Lo que no sabía, es que el dolor jugaba con ventaja, pues tenía los dados trucados. Debido a su ruina tomó una decisión... iba a cambiar la cerradura. Ahora le toca jugar a él.
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