Ella creía que nunca se iría, él pensaba que no le soltaría.
Y así fue, hasta que ella se desvió a la derecha y él hacia la izquierda.
Él notó que la mano que antes aferraba la suya se deslizaba entre sus dedos.
Ella se dio cuenta de que sus pasos ya no sintonizaban, que imperaba un ritmo ajeno.
Cuando las yemas de ambos perdieron el contacto,
se miraron y se dieron cuenta de que estaban perdidos.
Pero sus bocas no se abrieron.
Siguieron caminando cada cual por su camino,
alejándose del que antaño pensaban que era su destino,
clavándose los ojos el uno al otro con un 'vuelve' escrito en la mirada,
Pero sus bocas no se abrieron y el horizonte los separó, sin decirles nada.
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