sábado, 9 de mayo de 2015

Ascensión (Recaída II)

Vuelvo a verte en el filo, mirando el abismo, tentado por el vacío.
Te veo cometiendo los mismos errores, buscando nuevas excusas para saltar,
para repostar y avivar las brasas de un fuego extinguido. 
Te he vuelto a pedir que recapacites, pero veo en tus ojos la misma determinación que cuando caíste,
la determinación de un corazón suicida que siente curiosidad por explorar la oscuridad,
por encontrar la luz en ella, luz que dices atisbar, pero que sólo un loco puede ver. 

Ya has cogido carrerilla, así que me adhiero a tu espalda cual paracaídas,
 pero te estorba la mochila, y aunque sabes que la caída te destrozará,
 me apartas y saltas, porque también sabes que disfrutarás cada segundo que pases en el aire.
Yo me quedo arriba, rezando por ti, calculando los daños, pensando en como repararte cuando te estrelles, preguntándome cuanto tardaría en bajar, si quedará algo de ti cuando yo llegue. 

Acabo por desechar todos mis pensamientos y me concentro en rezar por que ocurra un puto milagro,
cierro los ojos por no verte chocar, mientras desciendes a toda velocidad,
tu vida cae contigo, la miras a los ojos recorriéndola una ultima vez,
encontrando en ella las razones que habías perdido, razones que te dan fuerzas
para crear cientos de paracaídas que ya no te hacen falta, porque tienes unas putas alas preciosas,
alas que utilizas para volar unos segundos a ras de suelo, el tiempo necesario 
para coger impulso y elevarte hacia el cielo.

Objetivo las estrellas, pasas frente a mi para convertirte en una de ellas, y yo, aún con los ojos cerrados no te veo pasar, acabo reuniendo el poco valor que no te has llevado y los abro, buscándote abajo, donde por arte de religión ya no estás, así que mientras observo aquella nueva estrella que brilla cómo tus ojos lo hicieron justo antes de saltar, grito al cielo agradecido por aquella obra de arte, por salvarte, como si no te hubiesen salvado tus alas (ganas), como si te hubiese salvado Dios (yo).

Moraleja: deberíamos rezar menos, y saltar más.

2 comentarios:

  1. Ser un poco el Pepito Grillo de alguien con esa fuerza y esa libertad es algo lógico, aunque se disfrute de sus alas tanto como ella. Muy bien descrita esa sensación de ver a alguien caer. Me ha encantado.

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  2. Muchas gracias!! a mi me ha encantado tu metáfora de Pepito Grillo, un Pepito Grillo un poco ciego y "despechado" pero una conciencia al fin y al cabo, es curioso, ahora incluso me parece que se asemeja al cuento de pinocho :) Gracias por el comentario!

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